Por la abolición de la tauromaquia y el fin de la barbarie subvencionada

 

Por Manel Aparicio

NP.

Lorca acoge una concentración antitaurina para exigir el fin de la tauromaquia y de las subvenciones públicas a esta práctica

El próximo domingo 21 de septiembre a las 16:30 h, frente a la Plaza de Toros de Lorca, colectivos animalistas y ciudadanía se reunirán para denunciar la tauromaquia como una forma de tortura animal disfrazada de tradición, y reclamar el fin de las ayudas públicas que mantienen vivo este negocio.

La tauromaquia, lejos de ser cultura, representa un vestigio de violencia institucionalizada que cada vez cuenta con menos apoyo social. Según las encuestas, la mayoría de la población, especialmente entre las generaciones jóvenes, rechaza frontalmente este espectáculo basado en el maltrato y la muerte de animales.

Los organizadores de la concentración subrayan que la tauromaquia solo sobrevive gracias a las subvenciones procedentes de administraciones locales, autonómicas, estatales y de la Unión Europea. “Es inaceptable que, mientras la sanidad, la educación y la cultura sufren recortes, se destinen millones de euros de dinero público a mantener un espectáculo sangriento que la mayoría rechaza”, señalan.

La protesta pretende visibilizar que abolir la tauromaquia no significa borrar la historia, sino avanzar hacia una sociedad más ética y compasiva, donde el arte y la cultura no se construyan sobre la violencia.

La concentración tendrá lugar el domingo 21 de septiembre a las 16:30 h, frente a la Plaza de Toros de Lorca (Travesía de la Constitución / Parking Alameda Rafael Méndez). Los convocantes llaman a la ciudadanía a sumarse para alzar la voz por aquellos que no pueden defenderse y reclamar el fin de esta barbarie subvencionada con dinero de todos.


Queremos plasmar, aquí, lo que mañana podría ser un...

Manifiesto frente al Coso de Sutullena:

Hoy, aquí, frente a estas puertas del Coso de Sutullena, nos reunimos con un propósito común: alzar la voz por la justicia, la compasión y la dignidad, frente a quienes aún pretenden llamar “cultura” a la violencia y a la tortura.

La tauromaquia no es cultura. No lo ha sido nunca. La tauromaquia es sufrimiento animal convertido en espectáculo, una práctica que en pleno siglo XXI debería avergonzar a cualquier sociedad que aspire a ser ética y moderna. Quienes aún la defienden se aferran a la excusa de la tradición, pero la historia está llena de tradiciones abolidas por injustas y crueles: desde los combates de gladiadores hasta los espectáculos con animales en circos. Lo que hoy algunos se empeñan en sostener como seña de identidad, mañana será recordado como un vestigio de barbarie.

Nuestra lucha no es la de unos pocos. Es la de una mayoría silenciosa que poco a poco se levanta para reclamar un futuro distinto. En nuestra propia Región de Murcia hemos recogido más de veinte mil firmas en apoyo a la Iniciativa Legislativa Popular #NoEsMiCultura, que exige derogar la Ley 18/2013. Esa ley, impuesta en contra de la voluntad popular, fue un blindaje vergonzoso que declaró la tauromaquia como Patrimonio Cultural, otorgándole un privilegio que no merece.

La cultura debe ser aquello que nos eleva como sociedad, aquello que fomenta la creatividad, la empatía y la unión. Nada de eso se encuentra en el suplicio de un animal acorralado, herido y finalmente ejecutado frente a un público que aplaude su agonía. La cultura no se escribe con sangre.

Nuestra ILP #NoEsMiCultura es la prueba de que los tiempos han cambiado. Somos miles y miles los que decimos alto y claro que no queremos que se nos imponga la tortura como símbolo cultural. Y lo seguiremos diciendo hasta que logremos abolir esta ley injusta.

La tauromaquia no es solo violencia contra los animales. Es también un sistema podrido en el que la impunidad se ha hecho norma. No hace mucho tiempo, conocimos un hecho escalofriante en la Escuela Taurina de Murcia: casos de abuso sexual, a alumnos menores, que puso en evidencia la opacidad y el silencio cómplice de un entorno que protege a los suyos antes que a las víctimas.

Ese hecho nos recuerda que estamos ante un entramado que no solo perpetúa la violencia contra los animales, sino también dinámicas de poder que permiten el abuso contra personas vulnerables. No se trata de hechos aislados, sino de un sistema que normaliza la violencia, que educa en la crueldad y que, además, en ocasiones se convierte en caldo de cultivo para abusos inaceptables.

Frente a quienes lo encubren, nosotras y nosotros decimos con firmeza: ni un animal más, ni una víctima más. Basta ya.

No olvidemos tampoco que la tauromaquia sobrevive gracias a las subvenciones públicas. Sin el dinero de todos, esta industria cruel se habría extinguido hace tiempo por falta de interés y público.

Cada euro que se destina a corridas de toros, escuelas taurinas o festejos sangrientos es un euro menos para la sanidad, la educación, la cultura de verdad, la investigación científica o las políticas sociales. La tauromaquia no se sostiene sola: se sostiene porque políticos y administraciones deciden alimentar un negocio moribundo con nuestros impuestos.

La mayoría social rechaza este uso del dinero público. Es urgente y necesario acabar con este despropósito: no queremos que nuestro esfuerzo se utilice para pagar la tortura de animales.

Abolir la tauromaquia no significa borrar la historia, sino avanzar. Significa reconocernos como una sociedad madura que es capaz de aprender de sus errores y elegir el camino de la compasión frente al de la crueldad.

No queremos un futuro de plazas llenas de sangre. Queremos un futuro de respeto a la vida, de cultura auténtica, de espacios públicos dedicados al arte, la música, el deporte, la literatura, la convivencia y la justicia.

El Coso de Sutullena, como tantas otras plazas de toros en España, podría ser un centro cultural, un espacio deportivo, un lugar de encuentro ciudadano. Pero nunca más un escenario de tortura.

Hoy alzamos la voz en nombre de quienes no pueden hacerlo. La voz de los toros, condenados a una muerte violenta para divertir a unos pocos. La voz de las víctimas invisibles de un sistema que normaliza la violencia. La voz de la ciudadanía, que exige que el dinero público se utilice para construir y no para destruir.

Cada firma recogida, cada concentración, cada manifiesto leído, cada persona que se suma a este movimiento es una victoria. La tauromaquia caerá, como han caído tantas prácticas injustas antes que ella. Y cuando eso ocurra, miraremos atrás con la certeza de haber estado en el lado correcto de la historia.

Por todo ello, exigimos:

  • La abolición definitiva de la tauromaquia en todas sus formas.

  • La derogación de la Ley 18/2013, que nunca debió blindar el sufrimiento como patrimonio.

  • El fin de todas las subvenciones públicas a la tauromaquia y a las escuelas taurinas.

  • La reparación y justicia para las víctimas de abusos en el entorno taurino.

Hoy no solo protestamos: construimos futuro. Y ese futuro es antitaurino, compasivo y justo.

Desde Lorca, desde este Coso de Sutullena que pronto dejará de ser un espacio de muerte, enviamos un mensaje claro: la tauromaquia no nos representa, no nos pertenece, no es cultura. Es barbarie, y la vamos a abolir.

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