25 de abril: cuando un pueblo decidió no obedecer más
Por Manel Aparicio Hay fechas que no envejecen. El 25 de abril es una de ellas. En su madrugada de 1974, Portugal hizo algo que hoy parece casi imposible: tumbar una dictadura sin caer en la barbarie. No fue un estallido caótico ni una guerra civil. Fue, en esencia, una decisión colectiva: hasta aquí. Primero sonó E depois do adeus . Después, ya sin disimulo, Grândola, Vila Morena. Aquella canción —prohibida por el régimen— era mucho más que música: era una contraseña, un acto de desafío, un aviso de que el miedo había empezado a retirarse. A las pocas horas, el régimen del Estado Novo, casi medio siglo de dictadura, se desmoronaba. Sin épica impostada. Sin discursos grandilocuentes. Con soldados que no querían disparar y una población que decidió ocupar la calle sin odio. Y entonces, el gesto que lo cambió todo: claveles en los fusiles. No porque fuera bonito, sino porque era definitivo. Aquello no iba de sustituir una opresión por otra. Iba de acabar con ella. Lo incómodo de la memo...