El ruido del odio frente a la lección de humanidad del pleno de San Pedro del Pinatar
Por Manel Aparicio
No hace muchos días, el 28 de enero, publiqué un artículo sobre las declaraciones que un representante de la ultraderecha en el Ayuntamiento de San Pedro del Pinatar vertía contra la visita del delegado del Frente Polisario en la Región, mantenida con el alcalde de nuestro municipio. En aquella ocasión, como ya es habitual, el discurso se apoyaba en insinuaciones, exageraciones y bulos repetidos una y otra vez hasta intentar convertirlos en verdad.
Lamentablemente, el pasado jueves 5 de febrero, durante el Pleno Ordinario, volvimos a escuchar lo mismo. El concejal repitió prácticamente aquellas afirmaciones —que no reproduciremos aquí— presentándolas como si fueran lecciones de historia. Muchos de los vecinos y vecinas que asistimos habitualmente a los plenos conocemos ya la estrategia: provocar, generar tensión y ocupar espacio público a base de polémica. El objetivo no es informar ni debatir, sino hacerse notar.
Sin embargo, si algo dejó claro ese pleno es que el interés no estuvo en sus palabras, sino en las respuestas que recibió.
El concejal Valentín Henarejos ofreció una intervención que no se apoyó en consignas ni en ideologías, sino en la experiencia personal. Explicó que durante ocho años su familia acogió en casa a un niño saharaui, al que describió como un hermano, y afirmó que no ha habido mayor enseñanza en su vida que la que le transmitieron sus padres con aquel gesto. No era un argumento político: era un recordatorio sencillo de lo que significa convivir y conocer al otro de cerca.
Por su parte, José Antonio Pérez agradeció públicamente al alcalde la reunión institucional mantenida con el delegado del Frente Polisario y puso en valor el trabajo silencioso de muchas familias murcianas que cada verano acogen a niños saharauis. Familias que no salen en titulares ni buscan protagonismo, pero que sostienen una labor humanitaria constante desde hace décadas.
La intervención más esperada era la de Noelia Cano, concejala y representante de la Asociación Amigos del Pueblo Saharaui Mar Menor. Habría preferido no responder a nuevas acusaciones personales, pero tras escuchar que se atribuían al Frente Polisario asesinatos masivos de españoles, se vio obligada a intervenir. Invitó a consultar los libros de historia y recordó un hecho básico: desde 1975 el pueblo saharaui vive en campamentos de refugiados en Argelia, sin acceso al mar ni a su territorio, ocupado por Marruecos, y rodeado de campos de minas que les impiden regresar a su tierra.
Aquella sesión dejó algo evidente. Frente al ruido, hubo testimonios; frente a la sospecha, experiencias reales; y frente a la deshumanización, memoria y convivencia. El pleno no fue una confrontación ideológica, sino la demostración de que la realidad suele ser más sencilla que los discursos del miedo.
Porque, al final, la diferencia no estaba entre izquierdas o derechas, sino entre quien conoce a las personas y quien solo habla de ellas.


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