Cuando la dignidad sale a la puerta del Ayuntamiento
Por Manel Aparicio
El pasado 2 de octubre, a las 19:00 horas, en distintos municipios de la Región de Murcia, se celebraron concentraciones en repulsa al asalto contra la Global Sumud Flotilla y para exigir el fin del genocidio que el Estado de Israel perpetra en Gaza. En San Pedro del Pinatar, la convocatoria la publicamos desde la Asociación de Vecinos Por un Pueblo Digno, como un llamamiento abierto a toda la ciudadanía. No era una convocatoria de partido, ni de siglas. Era —y es— una apelación a la humanidad más básica: ponerse del lado de un pueblo que sufre y de quienes arriesgan su libertad y su vida para llevar ayuda humanitaria.
A las 18:00 comenzaba el Pleno Ordinario en el Ayuntamiento, como cada primer jueves de mes. Desde la Asociación llevamos tres años asistiendo con constancia y respeto, ejerciendo nuestro derecho como vecinos a participar y fiscalizar la vida pública local. Sabíamos que la concentración coincidía con el Pleno, pero no por eso íbamos a dejar pasar la oportunidad de alzar la voz. Por eso, pedimos a nuestros compañeros y compañeras del PSOE que solicitaran un receso a las 19:00 para poder sumarnos al acto. Lo pidieron y lo consiguieron.
Reconozco que albergaba cierta ingenua esperanza: que, al menos por un mínimo gesto humanitario, algún concejal de la derecha se asomara a la puerta. No ocurrió. Ni uno solo. Quienes sí salieron fueron los cuatro concejales del PSOE y la concejal no adscrita Noelia Cano, demostrando que hay quienes todavía entienden que ante una masacre no caben excusas ni tibiezas.
Y entonces ocurrió lo mejor de la tarde: había vecinos esperando fuera. Personas que, a pesar de las descalificaciones y ataques que recibimos habitualmente en redes sociales —donde nos llaman “rojos” como si la empatía fuera patrimonio de un color—, decidieron acudir. No todos quisieron salir en el vídeo, por miedo al hostigamiento, pero estaban allí. De pie. Dignos.El portavoz socialista, José Lorenzo Martínez, leyó un manifiesto, y luego tomé la palabra para leer el texto que hoy vuelve a resonar: un alegato claro contra el genocidio, contra el silencio cómplice y en defensa de la vida, una declaración sin medias tintas, preguntando al Pleno si lo que está ocurriendo no es, de hecho, un genocidio.
La concentración fue, sin duda, un éxito. No por el número —que también—, sino porque demostró que hay conciencia, que hay dignidad y que no todo el pueblo se arrodilla ante el miedo o la manipulación. Tanto es así que, cuando se reanudó el Pleno tras el receso, un concejal de VOX no pudo contener su rabia y su envidia. Su ataque fue inmediato. No soportan ver a la gente organizada, ejerciendo sus derechos con firmeza y convicción. No soportan que la ciudadanía tome la palabra.Estar presentes ese día no era un gesto simbólico. Era una obligación moral. Porque cuando se ataca una flotilla humanitaria, cuando se bombardea a un pueblo entero y cuando se quiere silenciar la solidaridad, la única respuesta digna es salir a la calle. No para gritar por ideología, sino para defender la humanidad.
Y ese 2 de octubre, frente a la puerta del Ayuntamiento, un puñado de vecinos lo demostró: la dignidad no necesita mayorías.


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