Calles que nunca debieron existir: la dignidad aplazada de un pueblo


 Por Manel Aparicio

Esta semana la he tenido bastante “movidita”. Mientras algunos creen que la jubilación es sinónimo de hamaca, siesta y paz espiritual, a mí me ha tocado justo lo contrario: un maratón de denuncias, reivindicaciones y memoria histórica. El lunes, por ejemplo, RTVE vino a buscarme para recorrer juntos varias calles de San Pedro del Pinatar, especialmente la zona de la curva de Lo Pagán, ese pequeño museo al aire libre donde seguimos rindiendo homenaje a personajes indignos de figurar en el callejero de un país democrático. En el municipio de San Pedro del Pinatar, son 32 las calles indignas. Son las mismas calles que llevo años denunciando y exponiendo, y que este Ayuntamiento continúa manteniendo con una perseverancia digna de mejor causa.

El miércoles, la semana subió de intensidad. Por la mañana estuve acompañando a los vecinos de Los Camachos, que siguen peleando contra la planta de biogás que pretenden colocarles como quien deja un trasto viejo en el trastero del vecino. Allí, frente a la Autoridad Portuaria y frente al Ayuntamiento de Cartagena, la gente gritaba lo que debería ser evidente: que el progreso no puede construirse en contra de quienes habitan un territorio. Ese mismo día por la tarde, cambié el escenario por las charlas sobre Palestina compartidas por Manu Pineda en Molina de Segura y Totana. Una jornada entera de coherencia y lucha, como tantas otras que no aparecen en los discursos oficiales.

El jueves amaneció con un Pleno infantil en San Javier, con motivo del Día Mundial de la Infancia. Los niños, ingenuos pero clarividentes, hablaron más de justicia, solidaridad y futuro que muchos adultos que se sientan en los plenos “de verdad”. Y por la tarde repetí charla con Manu Pineda, esta vez en Murcia. El viernes, por imperativo biológico, me dediqué a descansar. El cuerpo, que es sabio, me pidió tregua. Y el fin de semana lo he pasado organizando vídeos, imágenes y notas de todo lo anterior. Así que, ¿quién decía que al jubilarme podría descansar? Jajajajaja.


Pero vayamos al grano: las calles franquistas de San Pedro del Pinatar. Podría hablar de héroes nacionales, de figuras históricas que lucharon por la libertad siglos atrás: Juan Martín Díez, Agustina de Aragón o incluso Viriato, que plantó cara al mayor imperio de la Antigüedad. Pero no. Mi denuncia es mucho menos romántica y mucho más reciente. Hablo de nombres que hace solo 90 años decidieron que España debía escribirse con dictadura, represión y sangre. Nombres que muchos de nuestros abuelos, o padres, conocieron demasiado bien, porque algunos fueron víctimas directas de su crueldad. Hablo de Queipo de Llano, de Bastarreche, de Mola… de esa galería del horror que aún preside nuestras calles como si fueran medallas al mérito.

En el último Pleno municipal alguien del gobierno me aseguró que en diciembre anunciarían los primeros cambios. Sin embargo, en el vídeo que acompaña este artículo se dice que será en enero. Total, ¿qué prisa hay? Solo llevan tres años demorando el cumplimiento de la Ley de Memoria Democrática. Tres años para decidir si la dignidad merece un hueco en nuestro callejero o si seguimos posponiéndola por incomodidad, desidia o complejo.


A estas alturas, creerme, no me creo nada. Ni siquiera después de haber delegado la responsabilidad —o más bien el “marrón”— en Marcos David Gracia, Cronista de San Pedro y Director del Museo Barón de Benifayó. La excusa perfecta: “Estamos buscando nombres vinculados al municipio”. Pues claro, porque un pueblo turístico, abierto al mundo, solo puede nombrar calles con personajes nacidos entre la rotonda del Barco y la playa de Villananitos. Curiosa manera de proyectar modernidad.

Con esa filosofía, han decidido empezar por solo 15 calles. Tres años para 15 calles. Que alguien haga el cálculo: ¿cuántas décadas tardarán en retirar las 17 restantes?


Y todo cuando ya tenían una solución sencilla, práctica y cargada de simbolismo: la lista de 42 mujeres españolas que les propuse hace meses. Mujeres ilustres en las artes, la cultura, la literatura… entre ellas varias de “las sin sombrero”, a quienes prácticamente ningún miembro del gobierno conocía. Ni internacionales, ni polémicas, ni difíciles: españolas, brillantes y silenciadas. No había excusa. Y aun así, seguimos esperando.

Porque este es el fondo del asunto: ¿qué memoria quiere honrar nuestro municipio? ¿La de quienes lucharon, crearon y construyeron? ¿O la de quienes sembraron miedo y destruyeron vidas? El callejero no es una anécdota; es un mensaje. Y el mensaje actual es, cuanto menos, vergonzoso.

Y ahora, como recordatorio de lo que verdaderamente importa:

Por aquellos que nunca tuvieron una calle a su nombre, que los libros de historia no les quisieron nombrar... No olvidaré... (escucha a Luís y Pedro Pastor, padre e hijo, cantando “Los olvidados”)


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