La memoria como trinchera y como herencia
Por Manel Aparicio
Hay días en los que la Memoria deja de ser un concepto abstracto y se convierte en un acto colectivo de dignidad. Jornadas como la vivida en Alhama, este pasado sábado 29 de noviembre, no son un mero ritual conmemorativo: son una trinchera cívica frente al olvido programado, frente a la mentira cómoda y frente a la impunidad heredada. Y esa trinchera la sostienen, desde hace décadas, las asociaciones memorialistas, muchas veces solas, casi siempre con escasos recursos, pero con una convicción inquebrantable: sin verdad, no hay democracia digna de tal nombre.
El reconocimiento a Joan Tardà i Coma no es solo un premio individual; es también un reconocimiento a una forma de hacer política que se atreve a señalar las costuras rotas de nuestra democracia. Tardà ha sido —y sigue siendo— una voz incómoda para quienes prefirieron construir la Transición sobre silencios y renuncias, sobre fosas sin abrir y sentencias sin anular. Su empeño en poner palabras como impunidad, crímenes o nulidad en la agenda política no nace del rencor, sino de una ética democrática que entiende que la reconciliación sin justicia no es más que una coartada.
Pero si hubo un gesto que resume el sentido profundo de estas jornadas fue, sin duda, el tiempo que Joan Tardà dedicó a dos adolescentes que quisieron preguntarle por la Memoria. En ese acto, aparentemente sencillo, se produjo algo inmenso: el traspaso simbólico del testigo. Porque la Memoria Democrática no sobrevivirá solo en archivos, leyes o monumentos, sino en las preguntas que se atrevan a formular quienes no vivieron el franquismo, pero sí padecen hoy sus sombras recicladas.
A esos muchachos —y a tantos jóvenes que se acercan por primera vez a este terreno minado de verdades incómodas— hay que decirles gracias. Gracias por interesarse cuando todo empuja a la indiferencia. Gracias por escuchar cuando el ruido digital confunde y banaliza. Gracias por entender que el fascismo no siempre se presenta con uniforme, sino también con memes, bromas y discursos edulcorados. Ellos son la prueba de que la Memoria no es nostalgia, sino futuro en construcción.
Las asociaciones memorialistas llevan años abriendo camino, excavando fosas físicas y mentales, enfrentándose a instituciones tibias y a discursos que las acusan de “reabrir heridas”. No reabren heridas: señalan las que nunca se cerraron. Y ahora, más que nunca, necesitan que la juventud recoja la antorcha, la adapte a su tiempo y continúe el trabajo. Porque la Memoria no es un legado que se guarda en una vitrina; es una tarea que se renueva o se pierde.
Frente al avance del autoritarismo y la desmemoria interesada, solo hay una respuesta posible: más cultura, más verdad y más compromiso intergeneracional. Que nadie nos diga que esto no va con la juventud. Va, precisamente, de su derecho a vivir en una democracia que no se avergüence de mirarse al espejo de su historia.
ENLACES:
Crónica de FAMHRM: https://www.memoriahistoricaregiondemurcia.com/premio-memoria-historica-region-de-murcia-a-joan-tarda/
Mesa redonda Jornada MH (interesantísima): https://youtu.be/ucwQklR8X38
Presentación Concurso vídeos: https://youtu.be/r54-E8kji-o
Entrega del Premio MHRM VII Edición y Cierre: https://youtu.be/sG4Is6r9szg




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