Del Pleno al compromiso: una sociedad vigilante frente al odio

 

No queríamos dejar pasar el mes de julio sin compartir nuestra presencia en el Pleno municipal del día 10. Aquel día acudimos, como siempre, con nuestros carteles, tocando tres temas: el amianto —ese asesino silencioso que sigue ignorado por nuestros representantes—, otro mensaje que no recordamos que se haya tocado en algún Pleno, y la plaga de cucarachas, acompañadas de notas musicales, que parece haberse instalado en San Pedro del Pinatar como si tuviera contrato de alquiler.

Aquel Pleno, sin embargo, fue tan tibio como el ambiente: escaso de contenido, escaso de compromiso, escaso de política en su sentido más noble. Las explicaciones que ofreció el gobierno municipal sobre el tema de las cucarachas supieron a excusa institucional. Nada que destacar, nada que recordar. Casi podríamos decir que el calor del verano adormeció también a quienes están ahí para representar y defender los intereses del pueblo. Una sesión insípida, sin garra ni valentía. Otra más.

Pero lo que no sabíamos entonces —y ahora sabemos— es que mientras en nuestro municipio se sucedía un Pleno sin pena ni gloria, en el vecino Torre Pacheco comenzaba a gestarse una vergüenza histórica: una serie de agresiones, discursos y actos cargados de racismo, odio y desprecio hacia quienes conviven con nosotros desde hace años, trabajan, estudian, crían a sus hijos e hijas y forman parte de esta tierra tanto como cualquiera.

Lo ocurrido en Torre Pacheco no es una anécdota. No es una exageración ni un caso aislado. Es el síntoma claro de un discurso que se alimenta de la cobardía, del silencio cómplice y de la falta de reacción institucional. Por eso, lo que hoy queremos decir no es sobre el Pleno del 10 de julio, sino sobre el próximo. Porque ahora ya sabemos. Todos. Y ahora ya no vale mirar a otro lado.

Queremos preguntar, con claridad, a cada uno de los concejales y concejalas de San Pedro del Pinatar:
¿Qué posición vais a tomar ante lo ocurrido?
¿Vais a manifestar, como representantes públicos, vuestro rechazo al racismo, al odio, a la violencia verbal y física que se vivió en nuestro municipio vecino?
¿O vais a callar, amparándoos en excusas procesales, en que “eso no ocurrió aquí”, en que “no entra en el orden del día”?

Porque el silencio, en este contexto, no es neutralidad. Es complicidad.

Desde nuestro colectivo ya hemos hecho lo que consideramos justo: informar a todos los grupos políticos de nuestro municipio sobre los hechos, ofrecer propuestas, abrir el espacio al debate. Nadie podrá decir que lo ignoraba. El próximo Pleno no será solo un trámite administrativo: será una prueba de ética y compromiso democrático.

Queremos saber si nuestros representantes están a la altura de la democracia que dicen defender. Queremos escuchar condenas claras, sin matices. Queremos que se señale a quienes han promovido, amplificado o tolerado estos discursos de odio. Queremos saber si están con la convivencia o con la barbarie. Con los valores constitucionales o con la nostalgia del NO-DO. Con una sociedad plural y libre, o con los que añoran tiempos donde solo mandaban los de siempre, y el resto callaba.

Este no es un llamamiento al dramatismo, sino a la responsabilidad. Porque defender la democracia no es solo votar cada cuatro años. Es actuar. Es hablar claro. Es no temer al qué dirán cuando se trata de derechos humanos. Y quienes tienen un cargo público tienen la obligación de hacerlo.

Así que esperamos con atención el próximo Pleno. Y estaremos allí, como siempre, con nuestras pancartas, nuestras preguntas y, sobre todo, con nuestra esperanza de que aún queden personas valientes al frente de nuestras instituciones. Personas que no se conformen con administrar, sino que quieran representar, defender y construir.

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