Cartagena se planta contra la guerra: mil voces frente al silencio cómplice
Cerca de un millar de personas se manifestaron el pasado domingo 19 de abril en Cartagena bajo el lema “No a la guerra”, en una movilización que volvió a sacar a la calle el rechazo ciudadano a los conflictos internacionales y a sus consecuencias humanas.
La marcha, convocada por la Coordinadora por la Paz de la Región de Murcia —que integra a más de 35 colectivos—, recorrió el centro de la ciudad en una jornada marcada por temperaturas casi veraniegas y una participación constante y comprometida.
Durante el recorrido, los asistentes corearon consignas en defensa de la paz y los derechos humanos, denunciando que estos están siendo relegados frente a lo que califican como “la ley del más fuerte”. La protesta se enmarca en una oleada de movilizaciones en la Región de Murcia, tras la celebrada semanas antes en la capital.
Los manifestantes insistieron en la necesidad de poner fin a la violencia y reclamaron una respuesta internacional basada en la diplomacia, el respeto al derecho internacional y la protección de la población civil.
Lo ocurrido en Cartagena confirma que el “No a la guerra” no fue un hecho puntual, sino el inicio de una reacción social que sigue creciendo. Ya no se trata solo de grandes capitales: ciudades como Cartagena demuestran que el rechazo a la guerra atraviesa territorios y generaciones.
En un contexto donde los discursos oficiales tienden a justificar la escalada bélica como inevitable, estas movilizaciones cuestionan esa narrativa. Hablan de derechos humanos frente a intereses, de vidas frente a estrategias, y de ciudadanía frente a bloques de poder.
Quienes defienden estas guerras suelen apelar al realismo político. Sin embargo, lo que se vio en Cartagena es otra forma de realismo: el de quienes entienden que las guerras no son abstractas, sino que se traducen en sufrimiento concreto y prolongado.
La pregunta que queda en el aire es incómoda pero necesaria: ¿hasta qué punto las instituciones están escuchando a esta parte de la sociedad? Porque, mientras las decisiones se toman en despachos lejanos, en las calles sigue resonando un mensaje claro: la paz no puede seguir esperando.
Lectura del Manifiesto:



Comentarios
Publicar un comentario