Manual de Supervivencia para Rojos en Tiempos de Fachas con WiFi
Por Manel Aparicio
Hoy debo confesar que soy un antiguo. Sí, de esos que todavía creen que leer un libro es mejor que ver un vídeo de TikTok de 7 segundos donde un tipo con gafas de sol explica la geopolítica mundial mientras come un kebab. Me llaman “rojo” como si me estuvieran llamando “pedófilo de gominolas” y esperan que me ofenda. Y oye, en estos tiempos en los que ser “facha” es lo más —como llevar calcetines blancos con chanclas—, la verdad es que me da la risa. Porque hoy en día, ser facha está de moda y es comodísimo. El facha moderno es un ser que ha encontrado la verdadera paz interior: no piensa, no duda, no se informa… básicamente es como vivir en modo avión, pero con acceso a WhatsApp para reenviar bulos. Es como llevar pantalones pitillo con calcetines de colores chillones: incómodo, feo, pero oye, todos lo llevan, así que pa’ lante.
Ellos van diciendo que no necesitan leer nada, porque “los medios mienten”. Claro, claro… pero el audio que les manda su primo Paco desde el bar es palabra de Dios. Saben absolutamente todo, todo lo que gente antigua como yo nos negamos a creer… porque tenemos la molesta costumbre de usar el cerebro. Confían ciegamente en un vídeo grabado en vertical por un tipo sudando en un coche que dice: “No quieren que sepas esto…”.
Dicen que vivimos con miedo, que obedecemos órdenes de “nuestros líderes” —porque al parecer soy miembro de una secta que se reúne cada martes a beber té y cantar la Internacional—. Sí, claro, porque yo me levanto cada mañana, me pongo la gorra del Che y espero que me den instrucciones por radio para saber cuántos kilos de comunismo repartir hoy. Mientras tanto, ellos sueñan con revivir un régimen que ya olía a rancio cuando la televisión era en blanco y negro, y Franco todavía no era trending topic. Yo, que viví parte de eso en mi infancia, sé perfectamente que les seducen los discursos totalitarios llenos de serrín y estiércol, vomitados por su mesías: un tipo que jamás ha cotizado, que vive de chiringuitos… pero ojo, que él va a acabar con todos los chiringuitos. Lo mismo que un pirómano prometiendo apagar el fuego con gasolina.
Si no fuera tan antiguo, les diría que se informen, y se formen,… pero claro, ¿para qué? Si ya tienen a su líder espiritual y a un par de “youtubers” gritones que les explican la Historia Universal en 3 minutos con memes de Piolín. Les diría que piensen por sí mismos, que no repitan mantras de tertulia de bar, que no usen la política del bulo, porque el tiempo —ese comunista silencioso— se encargará de dejarles en ridículo.
Y, por favor, que no me llamen “rojo” con desprecio, que de tanto reírme se me puede desencajar la mandíbula. Un poco de humanidad, hombre, que ya peino canas. Prometo, a cambio, no contarles más cosas “difíciles” para su comprensión. Les pondré todo en versión parvulario: con dibujitos, plastilina y un final feliz donde Franco resucita y reparte banderitas.
Y no, no volveré a decirles que todos —hasta los de alta cuna— tenemos la sangre roja y el corazón a la izquierda. Porque luego se me ofenden, y claro… no quiero ser yo el que les provoque una crisis existencial entre cerveza y cerveza.
Así que nada: yo, el antiguo, el rojo, el que piensa que informarse no es opcional, me quedo aquí, viendo cómo el “fachismo 2.0” se pasea con su peinado de gomina y desfila con banderas, su camiseta de “España Una”, pulseritas y argumentos fabricados en serie. Total, cada uno tiene su vicio: el mío es leer y pensar; el suyo, tragarse cualquier cosa que diga un tipo con voz engolada y cero datos.
Salud!!!



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