El pequeño lobato sin dientes


Por Manel Aparicio

En el Pleno Ordinario de este mes, en San Pedro del Pinatar, tuvimos otra vez razones para reírnos. Y como no, por el mismo de siempre, el bulldog de VOX. Ese concejal que siempre me recuerda a los cancerberos Rafael Hernando o Miguel Tellado, del PP. O incluso a José María Figaredo, el sobrino de Rodrigo Rato, que milita en el mismo partido.
San Pedro es un pueblo pequeño. Llevo tres años asistiendo a los Plenos, y aunque está claro que no pienso como la mayoría de la Corporación, intento mantener la cordialidad con ellos y ellas, ya que siendo vecinos, podemos cruzarnos en cualquier lugar y no es cuestión de llevar nuestra ideología a situaciones extremas. Incluso, con este concejal, hasta hablamos catalán. Quiero decir que, hasta cierto punto, hay buen rollo entre nosotros. A pesar de ser el elegido por su partido para presentar las mociones más racistas, a pesar de ser por si mismo un racista. Y no es que lo diga por decir.

En el siguiente vídeo se muestra cómo “en su labor de patrulla vecinal”, cuando el conflicto de Torre Pacheco, se acercó hasta allí para acosar (debe decirse así) a una reportera, y molestarla en su trabajo. Claro, debemos tener en cuenta que otro tipejo de su partido ha dicho públicamente que entrarán en RTVE, no sabe si con motosierra o lanzallamas, despidiendo fulminantemente a todos aquellos que no comulguen con su ideología, muy en línea con su política. Precisamente, la reportera a quien pretendía asediar, es de RTVE y estaba trabajando para el programa “Malas Lenguas”, programa nada sospechoso de favorecer el racismo de los Abascalines.


Como puede comprobarse, desde el segundo 3 hasta el 6, este depredador se mantenía cerca de su presa para acosarla. Hasta que parece ser que se da cuenta de ser captado por la cámara, y decide apartarse porque sabe que está actuando en contra de la ley. Por ejemplo, el artículo 9.2 de la Ley Orgánica 6/2002, de Partidos Políticos prohíbe a los partidos —y por extensión a sus representantes— fomentar, justificar o tolerar la violencia, la discriminación o la actividad contraria a los principios democráticos, pudiendo considerarse también una vulneración de la Ley Orgánica 1/1982, de Protección Civil del Derecho al Honor, a la Intimidad Personal y Familiar y a la Propia Imagen, en su artículo 7, por intromisión ilegítima en el ejercicio de la labor periodística.

En la difusión de este vídeo, comentaron que los vecinos de Torre Pacheco rechazaban la presencia de esta reportera. Mentira. Quienes la molestaban eran de San Pedro, dos de los tres integrantes de una patrulla vecinal con los que, pocos días antes, hablé sobre la labor de ellos y les comuniqué el miedo, la desconfianza que me transmitían, por el temor a que se tomaran la ley por su cuenta para convertirse en jueces y en verdugos de quienes a ellos se les antojara. Negaron que eso fuera a ocurrir, sin embargo ahí estaban, metiéndose con esa reportera que no hacía nada malo. Ellos eran los delincuentes, los pistoleros, fascistas de manual.

Tampoco era extraño. Su amo Antelo había hecho declaraciones, sobre el tema, bastante denigrantes, y este pequeño lobato quiere ya morder ante sus superiores para ir escalando puestos, seguramente.
En el siguiente Pleno de San Pedro, aunque era sabida la delincuencia de este concejal, nadie fue capaz de reprocharle nada, ni mucho menos exigir su dimisión.

Pues bien, en este Pleno Ordinario, el 2 de octubre, el PSOE —a quienes comuniqué que a las 19 horas habrían concentraciones en varios municipios, en contra del asalto a la flotilla Global Sumud y contra el genocidio en Gaza— pidió un receso para sumarnos a esa iniciativa (esa grabación la publicaré en otro artículo). Nadie más, del Pleno, quiso acompañarnos en ese acto humanitario, solo el PSOE y una concejal no adscrita. Al reanudar el Pleno, en la primera ocasión que tuvo nuestro humorista, volvió a saltarse la ley. Se muestra en el siguiente vídeo.


Sí, cuando nombra a ese “hijo radical”, “número 2 de Podemos Izquierda Unida Verdes”, se refiere a mí, que estoy en el Pleno sentado en primera fila, como ciudadano, no como político, como llevo yendo a los Plenos desde hace tres años, desde antes que él asistiera a las sesiones plenarias.

Y lo hace al más estilo Figaredo: sin datos, sin argumentos, típico de todos sus camaradas que solo pretenden desestabilizar y ser aplaudidos como héroes en las charlas de cualquier barra de bar. ¿Acaso crees, pequeño lobato, que necesito ser adoptado como hijo, radical o no, por algún partido o por cualquiera?

Por suerte he tenido un padre y una madre de quienes sentirme orgulloso, todavía hoy en día. ¿Sabes tú qué significa eso? ¿Puedes tú sentirte así? Yo no soy un perro de partido. Soy, ante todo, persona, y obro según mi opinión o ideología individual. Siempre he sido independiente. Me afilié a un partido, precisamente, para presentarme a esas elecciones, pero nada cambió en mi comportamiento. Soy más fiel a mí mismo de lo que todos vosotros podáis serlo a vuestros partidos.

¿Qué vas a recriminarme tú a mí de mi conducta? Estoy más al lado de mis vecinos que tú, reivindicando con ellos todo aquello que me parece justo y, por cierto, nunca te he visto en alguna de esas reivindicaciones. Solo sabes hacer lo que te dicta tu partido, como ciego seguidor, como fiel can. Para ello no necesitas personalidad ninguna, solo ser uno más a la orden de tu amo.

Has vuelto a fallar como concejal, ética y legalmente. Has incurrido en una infracción del Reglamento de Organización, Funcionamiento y Régimen Jurídico de las Entidades Locales —artículo 94—, que exige respeto a las intervenciones y personas presentes en las sesiones plenarias, además de poder considerarse una vulneración de derechos fundamentales reconocidos en la Constitución Española de 1978, artículo 18 —derecho al honor y a la propia imagen—. Tu comportamiento podría ser objeto de amonestación o incluso de apertura de expediente disciplinario por mala praxis institucional.

No eres un político valiente por tu comportamiento, no tienes ningún mérito por ello, porque sabes que, desde Alcaldía no te castigarán, que nadie pedirá tu cese por tu falta de respeto, durante el Pleno, a un ciudadano entre el público. Y yo, desde luego, no me voy a molestar en presentar una queja de ti en el registro del ayuntamiento, para que quede constancia de tu “poca profesionalidad”.

Pren-t'ho amb calma, petit llobató. Encara sense dents i ja vols mossegar.

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