Memoria y dignidad: la firmeza de Urtasun frente a los ecos del franquismo


Por Manel Aparicio

Hoy, 31 de octubre de 2025, se ha hecho pública una noticia de gran calado: Ernest Urtasun, ministro de Cultura, ha iniciado el procedimiento formal para instar la extinción de la Fundación Nacional Francisco Franco (FNFF), al considerar que su actividad entra en conflicto con la Ley de Memoria Democrática al hacer apología del franquismo, humillar a las víctimas y no perseguir el interés general.
Ya en 2024, Urtasun había demostrado su capacidad y determinación: su ministerio eliminó el Premio Nacional de Tauromaquia, argumentando que no puede premiarse desde la institución pública una actividad basada en el maltrato animal.
Estos hechos revelan a un político que no simplemente se conforma con la inercia, sino que actúa con firmeza, cumpliendo promesas que parecían pospuestas, y elevando el deber del Estado hacia la justicia histórica, la dignidad y la cultura que honra en vez de humillar.

Recordemos por qué todo esto importa, por qué el retroceso de la memoria es un riesgo y por qué es tan necesario que la juventud —y muy especialmente las jóvenes— asuman con dignidad el legado de la libertad.

¿Qué significa la dictadura de Francisco Franco?

La dictadura franquista —el régimen que se impuso tras el golpe militar de julio de 1936 y que duró hasta la muerte de Franco en 1975— fue un sistema de supresión de libertades, eliminación de la pluralidad política, represión sistemática y control férreo del pensamiento, la cultura y la palabra.


En su célebre mensaje desde Tetuán del 17 de julio de 1936, Franco explicaba:

«La situación en España es cada día más crítica; la anarquía reina en la mayoría de campos y pueblos… huelgas revolucionarias de todo orden paralizan la vida de la población… los monumentos y tesoros artísticos son objeto de los más enconados ataques de las hordas revolucionarias…»
Esa narrativa fue el arranque propagandístico del golpe —una apelación al “orden”, a la “unidad”, a una España “una, grande y libre” que en verdad se construiría sobre castigo, miedo y silencio.

Franco mismo afirmó en otro momento:

«Cuando se lucha en las trincheras… cuando se muere en los frentes… cuando se defiende a España como la defienden Falangistas, Requetés y Soldados, hay una Raza y hay un Pueblo.»
Este lenguaje no era neutral: construía enemigos, polarizaba, legitimaba la violencia estatal y dictaba que la obediencia era virtud.

La institución de la dictadura supuso:

  • Supresión de partidos, sindicatos, libertad de prensa y expresión.

  • Represión sistemática de quienes pensaban distinto, se oponían o simplemente eran considerados “subversivos”.

  • Un sistema educativo, cultural y simbólico dedicado a la exaltación del militarismo, el nacional-catolicismo y la moral conservadora.

  • Una herida aún abierta: víctimas de aquella sublevación y de la dictadura, fosas comunes sin exhumar, memoria silenciada.

  • El legado de que, cuando el poder no está sometido al contrapeso democrático, la dignidad humana se convierte en variable de ajuste.

El valor de la acción de Urtasun

Precisamente hoy, la acción del ministro Urtasun se inscribe en ese combate: frente a los que dilatan los procesos, frente a los que dicen que “hay que pasar página” sin sanar la herida, su decisión de actuar sobre la Fundación Franco implica un mensaje claro: no es admisible que en pleno siglo XXI una entidad pública-privada sobreviva para exaltar el golpe de estado, la dictadura y humillar a las víctimas.
Y no se trata solo de este expediente: la eliminación del premio a la tauromaquia muestra que también en el terreno cultural hay convicciones, no solo gestos simbólicos. Se ofrece una política coherente, no de postureo, sino de transformación.
Mi propia colaboración, al presentar un informe sobre las calles franquistas de San Pedro del Pinatar, es parte de lo que ese ministerio debe impulsar: la localización, la identificación y la reparación de la memoria. Y que esas acciones no queden en el olvido.



Un mensaje para la juventud, y muy especialmente para la mujer

A vosotros, jóvenes, os digo: mirad hacia adelante con dignidad. La libertad, la igualdad, la justicia no son herencias automáticas: se conquistan, se defienden y se renuevan. Recordad que este país no cayó en la dictadura por accidente; la perdición de la democracia es un proceso que comienza con la apatía, el miedo, la desinformación. La historia de 1936-1975 nos enseña que cada libertad suprimida abre paso a otra mayor represión.

Y a vosotras, mujeres, con más razón si cabe: el régimen franquista consideraba vuestro papel reducido, secundario, instrumental. La mujer en la dictadura estaba supeditada al hogar, al marido, a los hijos, sin voz pública ni autonomía plena. Hoy, esa imposición es parte de lo que se está derrotando cuando se defiende la memoria. Que nunca os convenzan de que “ya basta” porque la igualdad ya está, o que vuestro cuerpo, vuestro tiempo, vuestra voz tenga que obedecer a un molde. No. Los restos del franquismo simbólico todavía campan en muchos rincones: calles, símbolos, nombres, percepciones. No aceptéis que esos restos digan por vosotras. Sois herederas de una lucha que no terminó, y hoy sois protagonistas de la continuidad de los derechos.

La decisión de Urtasun no es solo administrativa: es un acto de dignidad que os interpela a vosotros. Porque no basta con cambiar calles; hace falta cambiar mentalidades. Y ese cambio lo protagonizáis vosotros. Ser críticos, investigar, exigir, hablar, levantar la voz. Cuando alguien diga: “Eso es abrir heridas”, recordad que no abrirlas: es mantener la herida sangrando sin cicatriz.

La historia de la dictadura es de represión, de autoritarismo, de imposición. También un aviso: que cada generación tiene la responsabilidad de no repetir las costumbres del silencio, del miedo, de la obediencia ciega. Vosotros sois el presente, y sois el futuro.

Así que sí: felicidades, señor ministro Urtasun. Y a vosotros, ciudadanos jóvenes, y sobre todo mujeres jóvenes: tomad la herencia de la dignidad, no la de la complacencia.

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