El pueblo no se salva con mentiras
Por Manel Aparicio
Hace ya varias semanas —por no decir meses— que vengo leyendo en algunos grupos de Facebook de San Pedro del Pinatar la tan manoseada frase “El pueblo salva al pueblo”. Un lema que algunos parecen haber descubierto hace poco, al calor de la desgracia provocada por la DANA. Y sí, soy consciente de que este artículo va a levantar ampollas; sé que los vecinos de siempre me dirán de todo. Pero, sinceramente, ¿qué queréis que os diga?
¿De verdad pensáis que basta con repetir una consigna para situarse del lado correcto de la historia? ¿Pretendéis que aplaudamos una supuesta iniciativa altruista mientras se intenta convencer a la ciudadanía de que la estáis protegiendo, de que no os mueve ningún interés político, de que no hay cálculo ni oportunismo detrás de ese uso insistente de la frase? Porque esa es la clave: no es la solidaridad lo que se cuestiona, sino la manipulación.
Y ya que hablamos de la frase, convendría empezar por lo básico: ¿sabéis realmente de dónde viene “el pueblo salva al pueblo” o solo la repetís como un mantra vacío?
Según la IA de Google, “la frase 'Solo el pueblo salva al pueblo' tiene un origen diverso que ha evolucionado desde el activismo obrero hasta convertirse en un lema de solidaridad civil en catástrofes recientes.
Orígenes históricos
Movimientos de apoyo mutuo:
Sus raíces se encuentran en los grupos de apoyo mutuo y redes
comunitarias de principios del siglo XX, inicialmente de corte
anarcosindicalista.
Significado y uso actual
El concepto central de la
frase es la autoorganización de la sociedad civil cuando las
instituciones o el poder político se consideran ausentes o
ineficaces.
DANA en Valencia (2024-2025): El lema cobró gran
relevancia mundial a raíz de las inundaciones catastróficas de
octubre de 2024 en España. Se utilizó para destacar la labor de
miles de voluntarios que acudieron a limpiar y ayudar ante lo que
percibieron como una respuesta insuficiente de las autoridades.”
Es decir, estamos hablando de un lema con raíces profundamente obreras, solidarias y emancipadoras, nacido al abrigo del apoyo mutuo y de la organización colectiva, no de la antipolítica ni del descrédito sistemático de lo público. Y precisamente por eso resulta tan obsceno su secuestro discursivo.
Según la catedrática de Lingüística Beatriz
Gallardo Paúls, “el uso del eslogan 'Solo el pueblo salva al
pueblo' y su intento de apropiación por parte de la ultraderecha es
para espolear la antipolítica. Aceptar esta interpretación es,
precisamente, ceder terreno discursivo a las posiciones excluyentes,
antidemocráticas, que simplifican la realidad y la reducen a
enfrentamientos antisistema.
Es necesario diferenciar entre las
afirmaciones que evocan un pueblo aferrado a la solidaridad, porque
se ha sentido abandonado y muy solo en un clima de dolor y trauma
colectivo, de la instrumentalización antisistema que esgrimen la
ultraderecha y sus grupúsculos activistas.
Automatizar la
asociación de 'Solo el pueblo salva al pueblo' con la antipolítica
implica regalar la palabra pueblo a esa ultraderecha antidemocrática
que alimenta el miedo y los prejuicios. Ya se ha apropiado de
bastantes signos que pertenecen a todos: lemas, banderas, himnos…
Las palabras, todas, se interpretan en cada contexto.”¹
Aquí está el núcleo del problema: la ultraderecha no ayuda, capitaliza. No organiza solidaridad, la monetiza políticamente. No acompaña el dolor colectivo, lo explota para sembrar desconfianza hacia las instituciones democráticas y erosionar cualquier forma de acción pública.
El 5 de noviembre de 2024, Héctor Juanatey, redactor
del HuffPost, publicaba “‘Solo el pueblo salva al pueblo’.
¿Suena igual el pueblo de Machado que el de Revuelta, Falange o
Núcleo Nacional?
En los últimos días, las organizaciones ultras
se han adueñado de un eslogan histórico más propio de la izquierda
política y los movimientos sociales.
Cualquiera diría que
estamos a un tris de que las principales voces de la ultraderecha,
sobre todo sus organizaciones juveniles, cojan la guitarra y se
pongan a cantar puño en alto a Quilapayún. No parece tan
descabellado imaginarse a los mismos que volverían a apoyar a
Pinochet entonar aquello de que 'el pueblo unido jamás será
vencido'. Qué diferente suena el 'de pie, luchar, el pueblo va a
triunfar' en las notas de las camisas de Falange, las sudaderas de
Revuelta o las capuchas de Núcleo Nacional.
Pasa un poco lo mismo
cuando uno ve cómo estos ultras se han adueñado desde hace unos
días del histórico 'solo el pueblo salva al pueblo'. Es cierto que
las letras, las palabras, carecen de dueño alguno, pero también es
verdad que cuesta imaginarse a nadie barruntar un 'arriba España'
para reivindicar el país de Lorca, Ibárruri o Montseny. Lo mismo
sucede, pues, al escuchar de manera conjunta ese 'arriba España' con
un 'solo el pueblo salva el pueblo', una consigna que sirvió para
reivindicar la lucha contra cualquier dictadura y de un tiempo a esta
parte para los movimientos sociales que, como recuerda el periodista
Miquel Ramos, bien paran un desahucio bien 'llevan comida a personas
que lo necesitan en estas situaciones'.”²
Y aún más claro lo expone RTVE:
“... En la misma línea, el profesor de Filosofía
de la Universidad de Murcia Juan M. Zaragoza recuerda que 'el pueblo
salva al pueblo, sí, pero no solo'. Asegura que 'ciertos movimientos
de la extrema derecha' están tratando de 'capitalizar' un
descontento con las instituciones que ya venía de lejos, pero que
con esta tragedia ha adquirido una nueva dimensión, con el fin de
lograr la 'deslegitimación del Estado'.
'Hay un desconcierto que
puede conducir a un abandono de las instituciones y, lo que me parece
más peligroso, también de la democracia', advierte. Se empieza a
escuchar, sigue, un discurso según el cual 'necesitamos otros
políticos'. '¿Qué políticos? Porque de ahí al cirujano de hierro
hay un paso', se pregunta.
El lema ya lo han utilizado conocidos
agitadores de ultraderecha, como el eurodiputado Alvise Pérez, la
Falange o la organización Revuelta, vinculada a las protestas de
Ferraz del año pasado que en varios casos terminaron en violentos
disturbios.”³
Así que, antes que nada, conviene responder con claridad a la pregunta que plantea el titular de HuffPost: no, el “pueblo” al que se refería Antonio Machado no suena ni puede sonar igual que el de Revuelta, Falange o Núcleo Nacional. Machado hablaba de un pueblo auténtico, trabajador, consciente y solidario. El “pueblo” que invocan los fascistas es una caricatura excluyente, autoritaria, muchas veces abiertamente racista, construida para imponer una identidad única y obediente. Utilizan las mismas palabras, sí, pero vaciadas de contenido democrático, convertidas en herramientas de engaño y movilización reaccionaria.
Y cuando aterrizamos en lo local, en la repetición machacona del lema en las redes de nuestro municipio, lo que queda ya no es épica ni solidaridad: queda cinismo. No por el significado original de la frase —que es digno—, sino por quiénes la utilizan y para qué. Personas alineadas con discursos que niegan el cambio climático, la violencia machista, el bienestar social y la memoria democrática. Personas que rechazan la subida del salario mínimo, la mejora de las pensiones o cualquier política redistributiva, aun sabiendo que su alternativa es siempre menos derechos y más desigualdad.
¿De verdad alguien cree que quienes recortan lo público, desprecian la ciencia y convierten la exclusión en programa político van a “cuidar al pueblo”? ¿Que su repentino fervor solidario no es cálculo, propaganda y oportunismo? Más aún cuando planean dudas más que razonables sobre la gestión de donativos destinados a ayudar a los afectados por la DANA.
El pueblo no se salva con consignas robadas, ni con performances solidarias, ni con selfies entre el barro. El pueblo se salva con derechos garantizados, con servicios públicos fuertes, con instituciones que funcionan y con una democracia que se defiende incluso cuando falla.
Porque quien utiliza el dolor colectivo para atacar
la democracia no está salvando al
pueblo.
Está utilizándolo.
Y
eso, aunque se vista de ayuda mutua, tiene
un nombre muy claro.
Referencias:

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