Color y Memoria: una exposición que devuelve rostro, dignidad y relato
Por Manel Aparicio
El pasado 14 de abril, en una fecha cargada de simbolismo, tuvo lugar en Murcia la inauguración de la exposición Color y Memoria, un proyecto artístico y documental que pone rostro a las víctimas de la represión franquista a través de una propuesta profundamente humana: devolverles el color, la presencia y la historia.
El acto, celebrado en el Palacio de las Balsas, reunió a un numeroso público que llenó la sala, confirmando el interés creciente por iniciativas que buscan rescatar la memoria democrática desde el respeto, el rigor y la sensibilidad. La inauguración contó con la intervención de diversas voces vinculadas al ámbito de la memoria histórica y la investigación.
Mercedes Nicolás, presidenta de la Federación de Asociaciones de Memoria Histórica de la Región de Murcia (FAMHRM), abrió el acto subrayando la importancia de seguir trabajando por la visibilización de las víctimas. A continuación, Vicente Medrano, autor del libro que sirve de base documental al proyecto, aportó el contexto histórico necesario para comprender la magnitud de la represión, especialmente en el ámbito femenino.
También intervino Joaquín López (en el vídeo pone Joaquín Costa, pedimos disculpas), miembro de la FAMHRM, así como Toñi, hija de represaliados, cuya intervención aportó una dimensión íntima y emocional que conectó profundamente con el público. Especialmente destacable fue la participación de Piluca Sánchez, investigadora y documentalista, quien ha trabajado con más de 20.000 expedientes del Registro Naval de Cartagena, contribuyendo de manera decisiva a la recuperación de historias silenciadas durante décadas.
El acto se completó con las palabras de los artistas Alfonso Martínez y José Rosique, responsables de los 29 retratos que componen la exposición. Ambos explicaron el proceso creativo, basado en pequeñas fotografías en blanco y negro, muchas de ellas rescatadas del ámbito familiar, que han sido reinterpretadas al óleo para devolver vida y dignidad a sus protagonistas. Cerró el acto Francisco Lucas, Delegado del Gobierno en la Región de Murcia.
La exposición no se limita a la contemplación estética. Bajo cada retrato, una etiqueta con código QR permite acceder directamente a la historia de la persona representada a través de la web de la Federación. Este recurso convierte la visita en una experiencia interactiva y profundamente educativa, donde cada imagen se completa con un relato que interpela al visitante.
Color y Memoria podrá visitarse en Murcia hasta el 28 de abril, y posteriormente viajará a Cartagena, donde estará expuesta del 7 de mayo al 12 de junio en la UNED. Tras finalizar su recorrido, los cuadros serán donados a las familias de las personas representadas, cerrando así un círculo de memoria, reparación y reconocimiento.
Desde nuestro blog, además, contribuiremos a la difusión de este proyecto mediante la publicación del catálogo completo de los 29 retratos, acompañado de enlaces a sus respectivas historias, gracias a la autorización expresa de los autores.
La memoria no es pasado, es una responsabilidad presente
Exposiciones como Color y Memoria no son solo una propuesta cultural: son una herramienta necesaria. En un contexto donde la memoria histórica sigue siendo objeto de debate —y en ocasiones de olvido—, iniciativas como esta nos recuerdan que detrás de las cifras hay vidas concretas, nombres, rostros, familias.
El acierto de este proyecto reside en algo aparentemente sencillo pero profundamente transformador: humanizar. El paso del blanco y negro al color no es solo una decisión estética; es un acto simbólico de restitución. Es devolver a estas personas un lugar en el presente, sacarlas del archivo, del silencio, del anonimato.
La incorporación de los códigos QR refuerza esta idea: no estamos ante cuadros, estamos ante historias. Historias que pueden leerse, comprenderse y, sobre todo, sentirse. Y esa conexión emocional es clave para que la memoria deje de ser algo abstracto y pase a ser algo cercano.
Que los cuadros vayan a ser entregados a las familias añade una dimensión ética que merece ser destacada. No se trata de apropiarse del relato, sino de devolverlo. De cerrar heridas, aunque sea parcialmente, desde el respeto.
Por todo ello, la visita a esta exposición no debería entenderse como una opción más dentro de la agenda cultural, sino como una oportunidad. Una oportunidad para conocer, para reflexionar y para asumir que la memoria democrática no es una cuestión del pasado, sino un compromiso del presente.
Quienes tengan la posibilidad de acercarse antes del 28 de abril en Murcia, por el Palacio de Las Balsas en la plaza del mismo nombre, o entre el 7 de mayo y el 12 de junio en Cartagena, por la Uned-Cartagena, calle Ingeniero Juan de la Cierva, deberían hacerlo. Porque mirar estos rostros es, en cierto modo, mirarnos también a nosotros mismos.




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