Los Nietos camina por el Mar Menor: una mañana de conciencia, ley y memoria colectiva
Por Manel Aparicio
Los Nietos
(Cartagena), 4 de abril de 2026.
Hay
días en los que una marcha no es solo una marcha. Es una forma de
recordar, de insistir y, sobre todo, de no rendirse. Eso fue lo que
se vivió este sábado en Los Nietos durante la V Marcha por los
Derechos del Mar Menor.
Desde poco antes del mediodía, el paseo marítimo comenzó a llenarse de personas llegadas de distintos puntos de la Región. Familias, activistas, vecinos, colectivos… gente común con una preocupación compartida: el estado de la laguna.
Porque el Mar Menor sigue ahí, pero no está bien. Y eso se notaba en cada conversación, en cada pancarta, en cada paso.
Caminar para no olvidar
La marcha avanzó junto al mar, en un recorrido sencillo pero cargado de significado. No era una protesta airada, sino algo más profundo: una mezcla de tristeza, responsabilidad y determinación.
A lo largo del trayecto, una idea se repetía casi como un latido común: el Mar Menor sigue en la UCI.
Y no es una metáfora exagerada. Quienes estaban allí lo saben. Han visto su degradación, sus episodios de anoxia, la muerte de peces, el deterioro progresivo de un ecosistema único.
La ley que nació del pueblo
Los momentos más significativos de la jornada fueron la lectura de la Ley 19/2022, la norma que reconoce personalidad jurídica al Mar Menor, convirtiéndolo en sujeto de derechos.
No es una ley cualquiera. Es el resultado de una movilización social sin precedentes.
Entre sus principios fundamentales, destaca el reconocimiento del Mar Menor como un ecosistema con derecho a existir, a regenerarse y a ser protegido. En concreto, la ley establece que:
“El Mar Menor tiene derecho a la protección, conservación, mantenimiento y, en su caso, restauración.”
Escuchar estas palabras allí, frente a la propia laguna, no era un simple acto simbólico. Era un recordatorio: la herramienta existe, pero debe aplicarse.
El problema empieza tierra adentro
Pero si algo quedó claro durante la marcha es que no basta con reconocer derechos si no se actúa sobre las causas.
La preocupación es compartida y el diagnóstico también: el origen del problema está en el modelo agrícola del entorno, especialmente en el uso intensivo de fertilizantes y los vertidos de nitratos que terminan en la laguna.
Por eso, muchas de las
voces presentes insistían en lo mismo:
la solución no está solo
en contener los daños, sino en evitarlos.
Eso pasa, inevitablemente, por un cambio hacia una agricultura extensiva, más respetuosa con el territorio y compatible con la supervivencia del Mar Menor.
Una ciudadanía que no se retira
La marcha terminó, pero la sensación no era de cierre, sino de continuidad.
Porque esto no es una acción puntual. Es una vigilancia constante. Una forma de decir que la sociedad civil sigue ahí, observando, exigiendo, recordando.
El Mar Menor no puede defenderse solo. Pero tampoco está solo.
Y mientras haya gente dispuesta a caminar por él, a leer sus derechos en voz alta y a señalar las causas de su deterioro, seguirá habiendo una posibilidad real de recuperación.



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