Murcia grita “No a la guerra”… mientras Europa mira hacia otro lado
Por Manel Aparicio
Miles de personas salieron a las calles de Murcia el pasado sábado 28 de marzo para exigir el fin de la escalada bélica internacional bajo el lema “No a la guerra”. La movilización, condicionada por el recorrido reducido debido a las procesiones de Semana Santa, congregó a una amplia representación social en menos de un kilómetro de marcha.
Durante el recorrido, los manifestantes corearon consignas contra la guerra y señalaron directamente a los gobiernos de Estados Unidos e Israel como responsables de la actual escalada. La protesta concluyó frente a la Delegación del Gobierno, donde se leyó un manifiesto denunciando el impacto devastador de los conflictos sobre la población civil.
“El dolor de madres, padres, hijas e hijos que no eligieron este destino” fue uno de los ejes del texto, que subrayó que “rechazamos todas las guerras, incluso aquellas que se intentan justificar en nombre de la seguridad y la democracia”. El manifiesto también alertó de una “escalada de la barbarie” y de la ruptura de los mecanismos diplomáticos internacionales.
Entre las principales reivindicaciones, los convocantes exigieron un alto el fuego inmediato, el fin de la implicación de España en alianzas militares y la ruptura de relaciones diplomáticas con Israel.
Lo ocurrido en Murcia no es un hecho aislado, sino el reflejo de un malestar creciente que recorre Europa. Mientras los gobiernos apelan a la geopolítica y a los intereses estratégicos, una parte importante de la ciudadanía vuelve a levantar la voz contra una guerra que percibe como injustificable.
El manifiesto no se queda en la denuncia humanitaria: apunta directamente a intereses económicos y geoestratégicos, cuestionando el relato oficial. Cuando afirma que “no busca la libertad ni la democratización sino intereses económicos como el control del petróleo”, pone sobre la mesa una idea incómoda que muchos prefieren evitar.
Frente a quienes defienden estas intervenciones como necesarias para la seguridad global, la protesta plantea una pregunta incómoda: ¿seguridad para quién? Porque, como se recordó en la concentración, “la población civil paga el precio más alto”.
Murcia, una vez más, ha recuperado un lema que marcó a toda una generación: “No a la guerra”. La cuestión ahora es si ese grito seguirá siendo ignorado o si, esta vez, logrará abrir un debate real sobre el papel de España y Europa en los conflictos internacionales.
En el siguiente vídeo, puede verse momentos de la manifestación y la lectura del Manifiesto.

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