Palestina contada por quienes la viven: una tarde con Lora Abuaita y el arte resistente de Taqi Spateen


Por Manel Aparicio

El pasado martes 19 de mayo asistí, en el centro cultural ALT de Los Alcázares, a la proyección del documental “No habrá paz sin las mujeres. Palestina 2014-2024”, organizada por BDS Mar Menor y presentada por Lora Abuaita, integrante del Movimiento de Mujeres Palestinas Alkarama y protagonista del propio documental.

La sala se llenó. Fue uno de esos actos en los que se percibe, desde el primer momento, que el público no acude únicamente por curiosidad, sino por necesidad de comprender. Y lo cierto es que aquella tarde no fue una más.

Por mi labor de documentar y difundir este tipo de encuentros, he asistido a numerosos actos relacionados con Palestina. He escuchado testimonios, análisis políticos, charlas solidarias y relatos sobre la ocupación. Pero esta vez había algo diferente: la historia no llegaba filtrada por titulares, estadísticas o interpretaciones. La contaba alguien que la ha vivido.


Lora Abuaita nos habló desde la experiencia directa. Desde la memoria diaria de quien conoce lo que significa vivir bajo ocupación. Explicó cómo el régimen israelí condiciona cada aspecto de la vida palestina: los desplazamientos, los controles, la incertidumbre permanente, la imposibilidad de planificar un futuro con normalidad. No fueron palabras vacías ni discursos aprendidos. Fueron relatos cargados de realidad, dolor y dignidad.

El documental —y especialmente el coloquio posterior— consiguió algo difícil: romper la distancia emocional que muchas veces generan las noticias. Durante hora y media, la sala permaneció en silencio, escuchando con atención una narración dura, humana y profundamente esclarecedora. Cuando terminó el evento, muchos salimos emocionalmente tocados. No era para menos.

Escuchad con atención el vídeo que acompaña este artículo. Aunque pueda parecer largo, merece cada minuto. Poco puedo añadir por escrito a lo que Lora explicó con tanta claridad y honestidad. Hay testimonios que no necesitan adornos, porque su propia verdad pesa más que cualquier crónica.


Después del acto tuve la oportunidad de hablar personalmente con ella. Pudimos comentar algunos aspectos tratados durante la presentación y profundizar en detalles que, por falta de tiempo, apenas pudieron desarrollarse ante el público. Como siempre ocurre en este tipo de encuentros, la experiencia fue enriquecedora. Pero esta vez lo fue aún más por una razón inesperada.

Esos mismos días se celebraba en Los Alcázares un certamen de arte urbano en el que distintos artistas daban vida, con su arte, a muros asignados por el municipio. Entre ellos se encontraba el artista palestino Taqi Spateen, a quien tuve la suerte de conocer.

Durante el evento, Lora explicó cómo la guerra y la ocupación ha afectado directamente, y de un modo cruel, a Taqi, cuya obra se ha convertido en una forma de resistencia cultural y política. Porque en Palestina, incluso el arte puede convertirse en un acto de supervivencia.


La organización del evento puso a la venta merchandising solidario para ayudar a sufragar los gastos de Taqi. Compré dos postales con reproducciones de sus obras y le pedí que me las dedicara en árabe. Sus palabras decían algo parecido a:

Somos como espigas cargadas de semillas; llenemos los valles con nuestras semillas”.

Y también:

Todos tenemos una patria donde vivir… nosotros éramos una patria. Ella vive en nosotros”.

Frases sencillas y, al mismo tiempo, inmensas. Frases que resumen perfectamente lo que uno percibe cuando escucha a quienes han tenido que convertir la memoria en refugio.

El medio Las Noticias RM dedicó además un artículo al mural realizado por Taqi en Los Alcázares, mostrando una de sus intervenciones más reivindicativas y humanas.

Aquella noche aún guardaba otra sorpresa. Pude cenar junto a ellos en el espacio que el Ayuntamiento ha cedido a los artistas pertenecientes al grupo La Compañía de Mario, junto al parque de bomberos. Allí grabé a Taqi mientras continuaba trabajando en otro mural, otra pieza nacida entre pintura, conversación y resistencia.


Y después de la cena llegó uno de esos momentos difíciles de explicar con palabras: Taqi y Lora nos deleitaron con una muestra de dabke.

El dabke es una danza tradicional palestina y levantina que se baila colectivamente, unidos de las manos o de los hombros, golpeando el suelo con fuerza y siguiendo un ritmo común. Pero para el pueblo palestino el dabke es mucho más que folklore. Es identidad, memoria y resistencia cultural. En una tierra donde tantas cosas han intentado ser borradas, bailar dabke es una manera de decir: “seguimos aquí”.

Cada paso tiene algo de celebración y algo de desafío. Es una forma de mantener viva la comunidad, la historia y el vínculo con la tierra. Entender eso, viéndolos bailar lejos de Palestina, ayuda a comprender muchas cosas.

Esos momentos no los voy a publicar aquí. Hay recuerdos que pertenecen al ámbito íntimo de la memoria y que uno guarda para alimentar el alma.

Porque este artículo no trata únicamente de un documental. Trata de escuchar a personas que aún conservan la capacidad de transmitir humanidad en medio de la destrucción. Trata de arte, memoria y dignidad. Trata de comprender que Palestina no es solo un conflicto que aparece en los informativos: son personas concretas, voces concretas y vidas reales que continúan resistiendo cada día.

Puedes ver el evento completo a continuación:


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