José Lorenzo: “Infancia, dignidad y convivencia: frente al odio no hay neutralidad”
Como cada primer jueves de mes, el pasado jueves se
celebró Pleno en San Pedro del Pinatar. Ya llevamos más de tres
años asistiendo a esas sesiones, con la intención de saber qué
ocurre en nuestro municipio y de alzar la voz ante las injusticias,
siempre desde el respeto, con carteles, pancartas o también, como en
esta ocasión, con una camiseta.
Esta vez, mi camiseta llevaba un
mensaje claro: “No al racismo”.
En la imagen del Pleno puede verse cómo exhibimos nuestros carteles
contra la política del odio y contra la opacidad institucional que
impide, por ejemplo, el acceso a información básica sobre
mamografías en la Comunidad Autónoma.
La sala estaba más llena de lo habitual. Muchos
vecinos asistieron, escucharon una intervención del portavoz del PP,
aplaudieron y se marcharon. No deja de ser curioso que esas muestras
de apoyo espontáneo no incomoden al partido gobernante (es una
estrategia del propio partido), mientras que a otros ciudadanos sí
se les recrimina cualquier gesto o palabra.
Cuando el ruido
escénico se apaga, quedamos los de siempre: un puñado de vecinos
que seguimos creyendo que la participación ciudadana no se ejerce
solo cada cuatro años, sino día a día, desde el compromiso y la
conciencia.
En este Pleno, uno de los puntos del orden del día
fue la Declaración de apoyo al Día
Mundial de la Infancia, presentada por
la concejala del PP, Carmen María.
A continuación, los grupos
municipales tomaron la palabra. El grupo no adscrito y AISP mostraron
su apoyo a la Declaración, reconociendo la importancia de proteger a
los niños y niñas del municipio.
Luego intervino el PSOE, y su portavoz, José Lorenzo Martínez, ofreció una exposición ejemplar: serena, firme y profundamente humana. Denunció la política del odio, esa que algunos partidos promueven sin pudor, y recordó que el odio también hiere a los más pequeños.
Escucharle fue reconfortante. Sus palabras daban sentido a mi camiseta, y mi camiseta daba fuerza visual a su discurso: dos gestos que coincidían en un mismo mensaje, el de la defensa de la infancia frente a la intolerancia.
Y después, llegó el turno de la ultraderecha.
Una
vez más, sin sorpresa, VOX
se opuso a la Declaración.
Votaron en contra del Día Mundial de
la Infancia.
Contra la protección de los niños.
Contra el
reconocimiento de sus derechos.
El odio, que parece ser su único
lenguaje político, no conoce límites ni vergüenza.
Como bien
recordó el portavoz socialista, el odio no solo divide: también
daña a los niños y niñas,
destruye la empatía, la convivencia, y envenena el futuro de
nuestras comunidades. Pero eso, a los ultras, parece no
importarles.
La Declaración se aprobó con el voto favorable de
todos los grupos, salvo el de VOX. Y sin embargo, esos mismos
concejales, los que votaron contra la infancia, salen luego a la
calle sin remordimientos, paseando entre los vecinos como si nada.
Qué vergüenza.
Lo más preocupante es que el discurso del odio no se
queda en los plenos ni en las redes.
Se traslada a la calle.
A
los colegios.
A las familias.
A los barrios donde conviven
personas de distintas procedencias que, hasta hace poco, se saludaban
con normalidad.
El ejemplo más grave lo vimos recientemente en
Torre Pacheco,
donde un conflicto con tintes racistas degeneró en insultos,
agresiones y escenas que nos retrotraen a los peores capítulos de
intolerancia.
Entre los alborotadores —y esto no puede pasarse
por alto— se encontraba un concejal de
VOX de San Pedro del Pinatar, acompañado
de militantes y simpatizantes del mismo partido.
El odio no surge
por casualidad: se alimenta desde los
discursos institucionales, desde los
mensajes que estigmatizan a quienes son diferentes, desde los
micrófonos y tribunas que deberían servir para unir, no para
dividir.
Por eso, cuando se debate una Declaración por la
Infancia y VOX vota en contra, no estamos ante una simple diferencia
política: estamos ante un problema
moral.
Porque la infancia no tiene
ideología, ni fronteras, ni color de piel.
Porque proteger a los
niños y niñas es proteger la humanidad misma.
Y porque cada
gesto de intolerancia, cada mentira sobre la inmigración o cada
ataque a la diversidad, termina afectando a los más vulnerables: los
menores que crecen escuchando que unos valen más que otros.
San Pedro del Pinatar no puede ni debe normalizar
esta deriva.
No podemos mirar hacia otro lado mientras se destruye
el tejido de convivencia que tanto ha costado construir.
Frente a
la política del odio, necesitamos una política
de cuidados, una política
de verdad y empatía.
Frente a los
que excluyen, debemos responder con presencia, con educación, con
solidaridad.
Y frente a los que siembran miedo, debemos defender
la alegría, la igualdad y la libertad.
El Pleno del jueves fue, una vez más, un espejo de
lo que somos y de lo que queremos ser.
Unos, con su voto,
demostraron que la infancia importa.
Otros, que su prioridad sigue
siendo alimentar el rencor.
Pero mientras existan voces que se
alcen contra el odio, pancartas que digan “no al racismo” y
vecinos que no se callen, habrá
esperanza.
Porque el futuro se
escribe con empatía, no con odio.
Y porque, en este municipio,
muchos seguimos creyendo que la infancia merece crecer en paz, en
dignidad y en respeto.



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