La Cárcel Vieja de Murcia: cuando la memoria duele, pero despierta
El pasado 23 de abril, el Palacio de Las Balsas volvió a convertirse en un espacio de memoria, de esos que no dejan indiferente. Allí tuvo lugar la mesa redonda sobre “La cárcel vieja”, dentro del proyecto Color y Memoria, una iniciativa que no solo recupera historias: las devuelve a la vida.
Presentada por Mercedes Nicolás y con la intervención del investigador Rufino Garrido Martínez, la cita reunió a varias decenas de personas que no acudieron por rutina, sino por conciencia. Porque hay actos a los que no se va: se acude.
Y este era uno de ellos.
📚Nombres frente al silencio
El trabajo presentado no habla en abstracto. No se pierde en cifras frías. Aquí hay nombres, apellidos, edades, familias rotas.
Como Benito Sacaluga Rodríguez, fusilado en 1939 por “adhesión a la rebelión”, una acusación tan cínica como brutal, dirigida precisamente contra quienes defendieron la legalidad democrática.
Como José San Nicolás Expósito, ejecutado tras un proceso que apenas duró 48 horas. Dos días para decidir una vida. Dos días para borrar un futuro.
O como las 58 personas fusiladas durante la llamada “Semana Trágica” de abril de 1940. Cincuenta y ocho vidas segadas en apenas unos días. Cincuenta y ocho familias condenadas al silencio.
Y no fue solo la muerte.
Fue el hambre, la enfermedad, la humillación. Entre 1939 y 1947, al menos 142 personas murieron en cárceles y centros asociados. No murieron: fueron dejadas morir.
Historias como la de la familia Garrido Valverde muestran hasta qué punto la represión no se conformó con castigar: buscó arrasar. Hijos, hermanos, padres… generaciones enteras marcadas por el miedo, el exilio o la muerte.
Esto no es pasado lejano. Esto sigue aquí.
🎨Dar color a lo que quisieron borrar
Color y Memoria no es solo una exposición. Es una forma de mirar de frente.
Las viejas fotografías en blanco y negro —guardadas durante años con miedo, casi en secreto— vuelven convertidas en retratos llenos de color. Y ese color no es estético: es político, es humano, es necesario.
Porque cuando ves esos rostros, ya no puedes mirar hacia otro lado.
🍻La memoria también se comparte
Después del acto, como tantas veces, llegó ese otro momento igual de importante: el de la conversación tranquila, la reflexión sin micrófonos.
Entre cervezas, con Mercedes Nicolás, con Bernardo Sánchez y con Vicente Medrano, el autor de Consejo de guerra a mujeres, la memoria siguió viva. Más cercana, más humana.
Porque estas luchas no se entienden solo desde una silla. Se entienden estando, escuchando, compartiendo.
Y sintiendo.
Hay algo que conviene decir alto y claro.
La memoria no se cubre desde casa.
No se construye a base de llamadas telefónicas, ni de entrevistas hechas deprisa, ni de artículos escritos sin haber pisado el lugar, sin haber mirado a los ojos a quienes sostienen esta lucha.
Eso no es periodismo. Eso no es compromiso. Eso es otra cosa.
La memoria exige presencia.
Exige estar allí, aunque sea en silencio. Exige respeto, tiempo, implicación. Exige entender que detrás de cada historia hay dolor real, no contenido para rellenar una publicación.
Porque no es lo mismo que te lo cuenten… que vivirlo.
No es lo mismo oír hablar de una “Semana Trágica”… que sentir el peso de esas 58 vidas mientras alguien las nombra una a una.
No es lo mismo escribir… que acompañar.
Desde Por un Pueblo Digno lo tenemos claro: quien no está, no puede contar esto de verdad.
Y quien reduce todo a una llamada, a una pieza rápida, a cubrir el expediente… está vaciando de sentido una lucha que ha costado décadas sostener.
Eso tiene un nombre.
Activismo de sofá.
Y no solo es insuficiente: es una falta de respeto.
Porque la memoria no es un trámite.
Es una responsabilidad.
Y también una forma de estar del lado correcto.
Este vídeo no se ve. Se escucha. Se respeta. Se siente.
Porque hay historias que no deberían haberse silenciado nunca.




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