En memoria de las mujeres que padecieron el Patronato de Protección a la Mujer

Por Manel Aparicio

Los encuentros organizados por FAHRENHEIT 78.8, bajo la coordinación de Lola Gracia, tienen la virtud de ofrecer algo más que una presentación de libros. Siempre hay espacio para la conversación, para el intercambio de ideas y, en ocasiones, para llevarse a casa una inesperada lección de humanidad.

Así ocurrió en Los Alcázares con la visita de Carmen Guillén, historiadora y autora de Redimir y adoctrinar: El Patronato de Protección a la Mujer (1941-1985). Un libro fruto de años de investigación que rescata del olvido una institución creada en 1941 y que, de manera sorprendente, sobrevivió hasta 1985.

Durante décadas, miles de mujeres y adolescentes fueron sometidas a un sistema de control moral ejercido por el Estado y diversas congregaciones religiosas. Bastaba con apartarse del modelo femenino que imponía la dictadura: quedarse embarazada fuera del matrimonio, mostrar independencia, vestir o comportarse de forma considerada inadecuada o, simplemente, querer vivir con mayor libertad.


La intervención de Carmen Guillén permitió comprender hasta qué punto el Patronato de Protección a la Mujer fue mucho más que una institución benéfica, como pretendía presentarse oficialmente. Las propias memorias del organismo, junto con los testimonios de las supervivientes, revelan una realidad marcada por el silencio, la oración y el trabajo forzado. Muchas de aquellas jóvenes, menores de edad, fueron privadas de su libertad y separadas de sus familias sin haber cometido delito alguno.

Escuchar a Carmen hablar de aquellas mujeres encerradas, sometidas a exámenes humillantes y clasificadas según unos criterios morales y pseudocientíficos que hoy resultan estremecedores, hacía inevitable pensar que la historia no siempre transcurre tan lejos como nos gustaría creer.

Pero la tarde todavía guardaba una sorpresa para el público. Lola Gracia había invitado a participar a Inés Madrigal, presidenta de la Asociación de Bebés Robados de la Región de Murcia. Su presencia no figuraba en la convocatoria, y su intervención aportó una dimensión profundamente humana a una historia que, desgraciadamente, no pertenece únicamente al pasado.

Inés contó su propia experiencia. Ella misma fue una víctima de aquella trama de adopciones irregulares y falsificación de identidades. Años después consiguió localizar a su familia biológica, aunque ya no llegó a tiempo de conocer a su madre. Su relato, narrado con una naturalidad y una cercanía admirables, permitió poner rostro y voz a una tragedia que todavía hoy continúa buscando respuestas.


Me resultó fácil empatizar con ella. Más allá del dolor que encierra una historia así, encontré a una persona abierta, cordial y dispuesta a compartir su experiencia con una enorme generosidad, convencida de que solo dando a conocer estos hechos se puede evitar que caigan definitivamente en el olvido.

Uno sale de actos como este con la sensación de haber aprendido mucho, pero también con la certeza de que la memoria sigue siendo una tarea necesaria. Escuchar a Carmen Guillén y a Inés Madrigal fue recordar que detrás de las cifras, de los archivos y de las investigaciones existen vidas marcadas por la injusticia y el sufrimiento, pero también por la dignidad y la perseverancia.

Y, en lo personal, me llevé algo que siempre considero una de las mayores recompensas de grabar y difundir estas actividades. Antes y después del acto tuve ocasión de conversar tanto con Carmen como con Inés. Ambas me facilitaron sus teléfonos para mantener el contacto y poder hacerles llegar la difusión de este trabajo. Quizá esa sea la verdadera riqueza de estos encuentros: descubrir personas comprometidas con la memoria y comprobar que, en ocasiones, una cámara y la voluntad de preservar estos testimonios también sirven para tender puentes.

Porque la historia no pertenece únicamente a los libros. También vive en las voces de quienes se atreven a contarla.

Puedes ver el acto completo en el siguiente vídeo: 


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