Entre abrazos, fotografías y el legado de Michael Jackson
Por Manel Aparicio
Hay personas que llegan a tu vida sin hacer ruido. Un día las conoces por casualidad y, casi sin darte cuenta, descubres que cada encuentro con ellas deja una conversación pendiente para la próxima vez.
Eso me ocurrió con Domingo J. Casas.
Nos conocimos hace algún tiempo durante la inauguración de la exposición David Bowie Legacy, celebrada en el Museo Barón de Benifayó de San Pedro del Pinatar, gracias a la presentación de su director, Marcos David Gracia. Desde el primer momento encontré a un hombre cercano, de conversación fácil y con mil historias relacionadas con la música que parecía haber vivido en primera persona.
Cuando supo que soy catalán me comentó, con total naturalidad, que él también hablaba catalán. Desde entonces dejé de llamarlo Domingo para llamarle Domènec.
Con el paso de los meses hemos coincidido en distintos actos culturales y esa relación ha ido convirtiéndose, poco a poco, en una amistad que valoro sinceramente.
No fue hasta bastante después cuando descubrí que aquel hombre sencillo con el que compartía risas y conversaciones era uno de los fotógrafos musicales más importantes de España. Fotógrafo profesional desde 1979, ha retratado a las grandes figuras del rock y del pop nacional e internacional, ha firmado cientos de portadas de discos y conserva uno de los mayores archivos fotográficos musicales del país. Su cámara ha inmortalizado a artistas como Michael Jackson, David Bowie, Madonna, Bruce Springsteen, Freddie Mercury o Alaska, entre muchos otros.
Lo curioso es que jamás fue él quien me habló de todo eso.
Nunca le he oído presumir de su trayectoria.
Jamás.
Y quizá por eso le admiro todavía más.
En abril, durante otro encuentro, me lanzó una propuesta que acepté sin pensarlo demasiado:
—"Cuento contigo para montar la exposición The Jacksons Legacy."
Y allí he estado.
Los días 7 y 8 de julio he participado en el montaje de una exposición dedicada al universo de Michael Jackson que, finalmente, abrió sus puertas el día 9 en el Museo Barón de Benifayó.
Confieso que para mí era un mundo completamente desconocido. Nunca había participado en el montaje de una exposición de estas características. Durante horas vi cómo cuadros, fotografías, esculturas, vitrinas, vinilos, pases de prensa, entradas de conciertos y objetos únicos iban encontrando poco a poco su lugar hasta transformar una sala vacía en un recorrido por el legado artístico de los Jackson. La muestra reúne, además, piezas originales y obras de distintos artistas, convirtiéndose en un homenaje colectivo a una de las familias más influyentes de la historia del pop.
Pero, si tengo que ser sincero, lo que más me llevo de esos días no son los objetos expuestos.
Me llevo a las personas.
Ole, José Ramón, Kiko, Rebeca... un equipo que trabaja con una compenetración admirable y que hace que el visitante solo vea el resultado final, ignorando las muchas horas de esfuerzo, de decisiones improvisadas y de pequeños problemas que siempre aparecen antes de abrir una exposición al público.
Y, por encima de todo, me llevo a Domènec.
Hay una imagen que resume perfectamente nuestra relación.
Cada vez que nos encontramos nos saludamos con un abrazo.
Puede parecer una anécdota sin importancia, pero no lo es. Domènec es bastante más alto y corpulento que yo. Cuando me rodea con sus brazos prácticamente desaparezco dentro de ese abrazo. Siempre termino riéndome.
Son esos pequeños gestos los que definen a las personas mucho mejor que cualquier currículum.
La inauguración fue el broche perfecto a dos jornadas intensas de trabajo. El museo se llenó de visitantes, de amigos, de artistas y de aficionados a la música que pudieron descubrir una exposición que permanecerá abierta hasta el próximo mes de septiembre.
Yo tuve la suerte de vivirla desde dentro.
Y esa perspectiva cambia completamente la forma de mirar las paredes de un museo.
Porque ya no ves únicamente fotografías o vitrinas.
Ves las horas que hay detrás de cada cuadro.
Las conversaciones.
Las risas.
El cansancio.
La ilusión compartida.
He grabado la inauguración, cuyo vídeo acompaña este artículo, pero esto no termina aquí.
Antes de que la exposición cierre sus puertas quiero compartir también un recorrido completo por toda ella, mostrando con detalle cada una de las piezas expuestas. Y cuando llegue septiembre volveré al museo para documentar el desmontaje.
Porque las exposiciones también tienen una segunda vida cuando se apagan las luces y las obras regresan cuidadosamente a sus cajas.
Y esa historia, la que casi nunca ve el público, también merece ser contada.
Puedes ver la inauguración en el siguiente vídeo:



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