Jornada Especial Palestina 2/3: Arte, memoria y las voces de Palestina

Por Manel Aparicio

La Jornada Especial Palestina celebrada el pasado sábado, 23 de mayo, en La Cítrica, en Puente Tocinos, reunió durante todo el día actividades culturales, talleres, música y espacios de reflexión centrados en Palestina. Esta serie de publicaciones recoge parte de aquel encuentro, dividido en tres momentos: la charla sobre el boicot a ICL organizada por BDS Murcia, la mesa redonda sobre arte y memoria palestina y, finalmente, los talleres y expresiones culturales que integraron la jornada.

Tras la primera charla dedicada a las relaciones entre la multinacional ICL y la ocupación de Palestina, la jornada continuó con una mesa redonda bajo el título “Palestina: Arte, literatura y la dimensión ética de la historia”. Un encuentro que reunió a investigadores de la Universidad de Murcia y a un representante palestino para reflexionar sobre la memoria, la cultura y la importancia de escuchar las voces de quienes viven y han vivido el conflicto en primera persona.

Moderada por Juan Ramón Moreno Vera, profesor e investigador en Didáctica de las Ciencias Sociales, la conversación partió de una pregunta aparentemente sencilla: ¿qué sabemos realmente sobre Palestina y qué aspectos permanecen invisibles en nuestra educación, nuestros medios de comunicación y nuestra memoria colectiva?

La reflexión giró alrededor de un concepto fundamental: la dimensión ética de la historia. Frente a una enseñanza centrada únicamente en fechas, conflictos o decisiones políticas, los participantes defendieron la necesidad de comprender cómo los grandes acontecimientos históricos afectan a la vida cotidiana de las personas.

El profesor Amal Conesa recordó que la historia no puede limitarse a una sucesión de hechos protagonizados por líderes y gobiernos. También debe explicar cómo esas decisiones repercuten sobre familias, trabajadores, comunidades enteras y generaciones que cargan con las consecuencias de procesos históricos que siguen vivos en el presente.

En ese sentido, Palestina constituye uno de los ejemplos más evidentes de lo que los especialistas denominan una cuestión socialmente relevante: un conflicto con profundas raíces históricas que continúa condicionando la vida de millones de personas y cuya comprensión resulta esencial para formar una ciudadanía crítica y democrática.

La literatura apareció entonces como una herramienta privilegiada para acercarse a esa experiencia humana. No solo permite conocer los hechos, sino también comprender emociones, pérdidas, exilios y formas de resistencia que a menudo quedan fuera de los relatos oficiales.


Entre las intervenciones destacó especialmente la de Laura Galián, profesora de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Murcia, a quien tuve ocasión de escuchar recientemente, como publiqué en el artículo “La librería Libros Traperos llena para escuchar a Palestina”. Su participación volvió a poner de manifiesto un compromiso profundo con la divulgación de la literatura palestina y con la recuperación de voces frecuentemente ausentes de los espacios académicos y mediáticos.

Galián situó gran parte de su exposición alrededor del concepto de Nakba, palabra árabe que significa “catástrofe” y que designa la expulsión y desplazamiento masivo de la población palestina tras la creación del Estado de Israel en 1948. Sin embargo, recordó que numerosos historiadores palestinos y también investigadores israelíes críticos consideran que este proceso no puede entenderse únicamente como un acontecimiento puntual, sino como una dinámica histórica que comenzó antes de 1948 y cuyos efectos continúan hasta nuestros días.

A partir de ahí, la literatura se convirtió en una puerta de entrada a la experiencia palestina.

La profesora presentó diferentes autores y autoras que han narrado el exilio, la ocupación, la memoria y la resistencia desde perspectivas diversas. Entre ellos destacó la figura de Mahmoud Darwix, considerado por muchos como la gran voz poética palestina contemporánea.

Darwix, cuyos poemas forman parte de la educación de varias generaciones palestinas, aparece como una referencia constante en la construcción de la identidad cultural palestina. Sus versos han sido traducidos a numerosas lenguas y continúan siendo leídos dentro y fuera de Palestina como una expresión de arraigo, dignidad y pertenencia.

La mesa también abordó otras formas de creación surgidas en contextos especialmente difíciles, como la llamada literatura carcelaria palestina o las nuevas expresiones literarias nacidas durante la actual guerra en Gaza. Textos escritos en ocasiones desde prisiones, campos de refugiados o incluso a través de teléfonos móviles, convertidos hoy en herramientas de memoria y testimonio frente a la destrucción de archivos, bibliotecas y centros culturales.

Pero probablemente uno de los momentos más emotivos de la tarde llegó de la mano de Tarek, participante palestino de la mesa redonda, quien aportó una mirada personal sobre la Nakba, el exilio y la transmisión de la memoria entre generaciones.


Sus palabras recordaron que para muchas familias palestinas la pérdida del territorio no es únicamente una cuestión política o histórica, sino una experiencia íntima que atraviesa la vida cotidiana. Pueblos desaparecidos, casas destruidas y paisajes que sobreviven únicamente a través de los relatos familiares forman parte de una memoria colectiva que continúa transmitiéndose décadas después.

La conversación fue mostrando cómo la cultura, lejos de ser un elemento secundario, constituye una de las principales formas de resistencia de un pueblo dispersado por el exilio, la ocupación y el desplazamiento forzado.

Y precisamente desde esa idea de resistencia cultural surgió el puente hacia la última actividad de la jornada.

Antes de concluir la mesa, Tarek explicó el significado del dabke, la danza tradicional palestina que protagonizaría los talleres posteriores. Sus palabras dejaron una de las imágenes más poderosas de toda la tarde.

Según explicó, el dabke no es únicamente un baile popular. Cada paso golpeando el suelo expresa la relación con la tierra y la voluntad de permanecer en ella. Cada pisada afirma una presencia colectiva frente al intento de borrar una identidad.

Cuando golpeamos la tierra”, explicó, “significa que estamos aquí, que somos parte de esta tierra y que no la vamos a dejar”.

Quizá pocas frases resumieron mejor el espíritu de toda la jornada.

Porque aquella tarde en La Cítrica no solo se habló de política o de historia. También se habló de memoria, de literatura, de cultura y de la capacidad de los pueblos para conservar su identidad incluso en las circunstancias más difíciles.

Y precisamente esa identidad compartida encontraría su expresión más alegre apenas unos minutos después, cuando el dabke palestino y la jota murciana se encontraron sobre el mismo suelo.

Referencias recomendadas:

Mahmoud Darwix, “En presencia de la ausencia” (Editorial Pre-Textos).
— Mahmoud Darwix, “Estado de sitio”.
— Ghassan Kanafani, “Hombres en el sol” y “Regreso a Haifa”.
— Web educativa Decolonize Palestine: https://decolonizepalestine.com
— Editorial Oriente y Mediterráneo, especializada en literatura árabe contemporánea.

Puedes ver el acto completo en el siguiente vídeo:



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