Color y Memoria: devolver un rostro y una dignidad a quienes el franquismo quiso borrar

Por Manel Aparicio


Hay exposiciones que se visitan. Y hay exposiciones ante las que uno no puede limitarse a mirar.

El lunes 10 de agosto, la Biblioteca Municipal de Los Alcázares acogió la inauguración de «Color y Memoria», una exposición dedicada a recuperar las vidas y las historias de personas represaliadas durante la dictadura franquista a través de sus retratos. Una propuesta que une investigación histórica, pintura y memoria para devolver presencia y dignidad a quienes durante décadas fueron condenados al silencio y al olvido.

Y salir de allí, una vez más, resulta difícil.

Porque cuando uno asiste a un acto relacionado con la Memoria Histórica, especialmente cuando escucha las historias concretas de quienes sufrieron la represión, aparecen sentimientos difíciles de separar: dolor, indignación, rabia. Pero también algo más poderoso: la necesidad de continuar. De no dejar que el tiempo consiga borrar aquello que ocurrió. De seguir buscando esa dignidad que les fue arrebatada a tantas personas y que todavía hoy debemos contribuir a recuperar.

Dar color a quienes fueron condenados al blanco y negro

El origen de este proyecto parte de una propuesta de Alfonso Martinez, después de una experiencia similar desarrollada en Santiago de Compostela. La idea era recuperar fotografías antiguas, muchas de ellas en blanco y negro, y convertirlas en retratos pictóricos que devolvieran a aquellas personas una presencia contemporánea.

Pero no se trata simplemente de transformar una fotografía en una pintura.

Los retratos están realizados al óleo sobre tela de lino, obras de Alfonso Martinez y José Rosique, utilizando un lenguaje artístico que durante siglos estuvo especialmente vinculado a las élites. Llevar ahora ese lenguaje hasta personas anónimas, trabajadores, maestros, alcaldes, presos y ciudadanos represaliados supone también reconocerles un valor y una dignidad que la dictadura quiso negarles.

Personas que fueron importantes para sus familias. Personas que tuvieron una vida, unos afectos, unas ideas y unas esperanzas antes de convertirse, para el régimen franquista, en simples objetivos de la represión.

Por eso cada cuadro cuenta mucho más que un rostro.

Junto a las obras, las cartelas permiten conocer la historia de cada persona y, mediante códigos QR, ampliar la información a través de la página web de la Federación. Detrás de cada biografía hay además un trabajo de investigación en el que han participado investigadores, familiares y personas que han dedicado años a recuperar documentación y testimonios.

La exposición, por tanto, no pretende únicamente recordar. Pretende sacar del olvido.

29 rostros frente a decenas de miles de historias

La muestra reúne 29 retratos, además de otras piezas relacionadas con alcaldes represaliados. Pero esos 29 rostros son apenas una pequeña ventana hacia una realidad muchísimo mayor.

Durante la presentación se habló de una cifra aproximada de entre 35.000 y 40.000 personas represaliadas en la Región de Murcia.

Detrás de cada número había una persona.

Entre quienes aparecen representados encontramos personas ejecutadas, maestros, alcaldes, presos que murieron como consecuencia de los malos tratos y ciudadanos castigados por haber defendido la legalidad republicana. Muchos fueron perseguidos precisamente por aquello que representaban: la educación, las instituciones republicanas, el ejercicio de un cargo público o simplemente la defensa de unos principios que el nuevo régimen quiso aplastar.

Por eso contemplar los cuadros supone también enfrentarse a una pregunta incómoda: ¿cuántas de esas historias siguen sin ser conocidas?

La exposición nos recuerda que estos 29 retratos no constituyen una cifra cerrada, sino una muestra de un universo de víctimas mucho más amplio.


Una represión que también tuvo rostro de mujer

Especialmente dolorosa fue la parte dedicada a la represión sufrida por las mujeres.

Una violencia que durante mucho tiempo permaneció todavía más oculta y que utilizó formas específicas de humillación y castigo: rapados de cabeza, agresiones sexuales y otras vejaciones destinadas no solamente a castigar, sino también a someter y señalar públicamente.

Muchas mujeres fueron represaliadas además como una forma de ejercer presión sobre sus maridos, hijos o hermanos. La violencia, de ese modo, no se dirigía únicamente contra quienes el régimen consideraba sus enemigos políticos, sino que alcanzaba también a sus familias.

Y todo ello después de que la Segunda República hubiera supuesto para las mujeres importantes avances en derechos y en reconocimiento social y jurídico que la dictadura anuló de golpe, devolviéndolas a una situación de subordinación.

Escuchar estas historias vuelve a producir esa mezcla de dolor y rabia de la que hablábamos al principio.

Pero también demuestra hasta qué punto resulta necesario seguir investigando y contando.

La memoria también pertenece a las familias

Hay otro aspecto de Color y Memoria que convierte el proyecto en algo especialmente valioso.

Los retratos no están concebidos únicamente como piezas destinadas a una exposición itinerante. Cuando termine el recorrido previsto por diferentes localidades de la Región de Murcia, los cuadros serán entregados a los familiares de las personas representadas.

Es una forma de retorno.

Las familias que durante años conservaron fotografías, documentos y recuerdos están aportando parte de su propia memoria para que estas historias puedan ser conocidas. Y el proyecto pretende devolverles algo más que un cuadro: el reconocimiento público de que aquellos hombres y aquellas mujeres existieron, de que fueron personas con una historia y de que fueron víctimas de una represión injusta.

Durante la presentación se recordó incluso el momento especialmente emocionante en que una hija reconoció a su madre al contemplar su retrato.

Quizá sea difícil explicar mejor qué significa realmente devolver un rostro a la memoria.

Una memoria que no mira solamente hacia atrás

La exposición se ha ido gestando durante bastante tiempo y reúne el trabajo de investigadores, pintores y familiares. Después de pasar por otras localidades, continuará su recorrido por la Región de Murcia.

Y tiene sentido que sea así.

Porque la Memoria Histórica no puede quedar encerrada en un archivo ni limitada a una fecha señalada en el calendario. Necesita salir a las calles, entrar en bibliotecas y centros culturales, llegar a quienes todavía desconocen estas historias y, sobre todo, enfrentarse a quienes pretenden presentar la dictadura como una etapa neutra de nuestro pasado.

Recordar no es quedarse anclado en el pasado.

Recordar es impedir que la mentira sustituya a la historia.

Y en ese sentido, Color y Memoria hace algo extraordinariamente sencillo y extraordinariamente poderoso: coloca delante de nosotros los rostros de quienes fueron represaliados y nos obliga a mirarlos.

Ya no son solamente nombres.

Son personas.


También hay formas de saber estar

En la inauguración intervino, después del concejal de Cultura, el alcalde de Los Alcázares, Mario Pérez Cervera, que quiso agradecer el trabajo de todas las personas y entidades que habían hecho posible la exposición, así como la presencia de quienes habían acudido al acto.

Pero hubo algo que me llamó especialmente la atención y que, personalmente, quise agradecerle al finalizar.

Terminada su intervención, el alcalde no se marchó.

Podría haberlo hecho. Como hacen tantos responsables públicos después de cumplir con la parte institucional de un acto. Sin embargo, permaneció allí hasta el final. Durante ese tiempo se acercó en algunos momentos a determinados cuadros y se detuvo a leer sus cartelas, siguiendo de alguna manera el contenido de la exposición como cualquier otra de las personas que estábamos allí.

Cuando terminó el acto me acerqué a él y le di las gracias «por su aguante, por saber estar ahí hasta el final».

Su respuesta fue sencilla:

«Lo he hecho con mucho gusto».

Y creo que también merece ser contado.

Porque la Memoria Histórica necesita instituciones que apoyen estas iniciativas, pero también necesita personas dispuestas a escuchar, a mirar y a conocer las historias que hay detrás de cada nombre y de cada rostro.

Seguir mirando

Cuando salí de la Biblioteca Municipal de Los Alcázares llevaba conmigo, una vez más, esa mezcla de sentimientos que tantas veces dejan los actos de Memoria Histórica: dolor por lo ocurrido, indignación ante la injusticia, rabia ante tantos años de silencio y, al mismo tiempo, unas ganas renovadas de no abandonar nunca esta lucha.

Porque todavía quedan demasiadas historias por recuperar.

Demasiados nombres.

Demasiados rostros que siguen esperando ser encontrados.

Y demasiadas familias que merecen saber que la historia de los suyos no fue inútil ni debe desaparecer.

Quizá por eso Color y Memoria sea un nombre tan apropiado.

Porque dar color a aquellas fotografías es también devolverles presencia.

Y devolverles presencia es devolverles, aunque sea muchos años después, una parte de la dignidad que les quisieron arrebatar.

La dictadura quiso convertirlos en silencio.

Nosotros tenemos la obligación de seguir poniendo sus nombres, sus historias y sus rostros frente a nuestros ojos.

Para que nadie los vuelva a borrar.

Puedes ver el acto en el siguiente vídeo:



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