Palestina y el Mar Menor: dos abrazos, una misma lucha


 Por Manel Aparicio

Los Alcázares volvió a levantar la voz por Palestina antes de abrazar al Mar Menor, en una jornada que unió solidaridad, defensa de la vida y compromiso con quienes siguen resistiendo.

Antes de abrazar al Mar Menor, Los Alcázares abrazó a Palestina. Cerca de 150 personas se reunieron ayer en la plaza del Espejo para recordar que Gaza sigue sufriendo, que Palestina no puede desaparecer de nuestras conciencias y que la solidaridad no entiende de fronteras. Entre ellas, un grupo de jóvenes llegados desde México para conocer la lucha por el Mar Menor terminó sumándose también al grito por Palestina. Dos abrazos diferentes, en apariencia, unidos por una misma defensa: la de la vida, la dignidad y el derecho de los pueblos a existir en paz y libertad.

Los Alcázares volvió a levantar su voz por Palestina. Ayer, 8 de agosto, la plaza del Espejo fue escenario de una concentración convocada por el Colectivo Mar Menor por Palestina, apenas unos minutos antes de que el mismo lugar acogiera el tradicional Abrazo al Mar Menor. Dos convocatorias aparentemente diferentes que, sin embargo, terminaron encontrando un mismo sentido: la defensa de la vida, de los pueblos y de un futuro que no puede construirse sobre la destrucción, la ocupación y el sufrimiento.

A las 11:30 de la mañana, numerosas personas se fueron concentrando en la plaza del Espejo. La convocatoria reunió a alrededor de 150 personas, una cifra especialmente significativa teniendo en cuenta que muchos de quienes acudieron lo hicieron con la intención de participar posteriormente en el Abrazo al Mar Menor. La ciudadanía entendió que no había contradicción alguna entre ambas convocatorias: antes de abrazar nuestro mar, había que abrazar también al pueblo palestino.

Entre quienes se acercaron había un grupo de jóvenes procedentes de México. Habían viajado hasta aquí para conocer de cerca la lucha por la defensa del Mar Menor y terminaron convirtiéndose también en parte activa de la concentración por Palestina. Durante la lectura del manifiesto animaron, aplaudieron y acompañaron las palabras que recordaban que, aunque Gaza haya desaparecido de muchas portadas, el genocidio y el sufrimiento de la población palestina no han desaparecido.

Y ese era precisamente uno de los mensajes centrales del manifiesto leído durante el acto.


Más de mil días después, Gaza sigue ahí

El documento recordaba que, después de más de mil días de genocidio, la realidad de Gaza continúa marcada por la destrucción, el hambre, el desplazamiento forzoso y la muerte. Viviendas, hospitales, escuelas y universidades han sido destruidos o gravemente dañados; las infraestructuras de agua y saneamiento han quedado devastadas y millones de personas continúan viviendo en unas condiciones que hacen imposible una vida digna.

Pero detrás de cada cifra hay personas.

El manifiesto quiso poner rostro a ese sufrimiento mediante testimonios concretos. Entre ellos, el del médico valenciano Raúl Incertis, que trabajó durante cuatro meses en el hospital Nasser de Gaza y cuyo testimonio, trasladado a través de la periodista Almudena Ariza, describe una realidad sanitaria estremecedora: urgencias desbordadas, niños gravemente heridos, operaciones realizadas sin anestesia y profesionales sanitarios que, mientras intentaban salvar vidas, también habían perdido a familiares y habían quedado obligados a sobrevivir buscando alimentos y agua.

Porque un alto el fuego, como recordó el manifiesto, no puede significar únicamente dejar de disparar.

Significa que un niño pueda dormir toda la noche sin miedo. Que pueda levantarse, desayunar, acudir al colegio, jugar con sus amigos y regresar a casa.

Y eso, para miles de niños palestinos, sigue siendo imposible.

Palestina también está aquí

Hablar de Palestina desde Los Alcázares tampoco significa hablar de una realidad completamente ajena.

En el propio manifiesto aparecía una referencia que para mí tiene un significado especial: el mural realizado en Los Alcázares por el artista palestino Taqi Spateen.


Cuando tuvimos ocasión de preguntarle por el significado de aquella obra, Taqi nos explicó que la niña que aparece asomada detrás de la tapia es su propia hija, mirando desde Palestina a un flamenco que sobrevuela el Mar Menor. Una imagen que, sin necesidad de más palabras, parece tender un puente entre dos orillas, entre dos realidades y entre dos luchas que aquel día volvieron a encontrarse en la playa del Espejo.

Para quien no lo conozca, podría parecer simplemente la mención a un artista y a una obra que forman parte del paisaje urbano del municipio. Pero para quienes hemos tenido la suerte de conocer a Taqi, la historia es diferente.

Taqi ya es nuestro amigo.

Lo conocimos durante aquel encuentro que compartimos con Lora, una palestina encantadora cuya cercanía y cuyo testimonio nos hicieron sentir todavía más próximo un pueblo que demasiadas veces se nos presenta reducido a cifras, titulares e imágenes de destrucción.

Desde entonces, Taqi y Lora forman parte de esas personas que tenemos presentes cuando hablamos de Palestina. Porque detrás de la palabra “Palestina” hay rostros, nombres, familias, artistas, periodistas, médicos, estudiantes, niñas y niños. Hay personas con las que compartimos espacios, conversaciones, preocupaciones y esperanzas.

Y eso cambia completamente la manera de mirar.

Quizá por eso, mientras escuchaba el manifiesto y miraba alrededor, pensé también en Taqi. En su arte. En su manera de llevar Palestina a las paredes de otros lugares del mundo. En ese empeño por demostrar que un pueblo al que quieren reducir al silencio continúa creando, contando su historia y reivindicando su existencia.

Palestina también está aquí.


El agua no entiende de fronteras

Y entonces llegó el momento de enlazar ambas luchas.

El manifiesto recordaba que el año anterior el Colectivo Mar Menor por Palestina ya había participado en una acción internacional por la libertad de Palestina antes del Abrazo al Mar Menor. Este año volvía a hacerlo, pero incorporando una idea todavía más poderosa: abrazar al pueblo palestino y abrazar al Mar Menor como parte de una misma defensa de la vida.

Porque el agua no entiende de fronteras.

Todas las aguas están conectadas. Todos los mares forman un mismo mar.

Y cuando a un pueblo se le niega el acceso al agua, a la tierra, a la salud y a la esperanza, el problema deja de ser únicamente el de ese pueblo. Es un fracaso de toda la humanidad.

En Gaza se han destruido pozos, depósitos, plantas desalinizadoras y redes de abastecimiento. En el Mar Menor llevamos años luchando para impedir que la degradación y la irresponsabilidad terminen destruyendo uno de nuestros ecosistemas más valiosos.

Son realidades diferentes, naturalmente. Pero hay algo que las conecta: el derecho a vivir en un entorno saludable y disponer de los recursos necesarios para vivir dignamente no puede convertirse en privilegio ni en mercancía.

Por eso aquel abrazo tenía un doble significado.

Un abrazo al Mar Menor para defender la naturaleza.

Y un abrazo al pueblo palestino para exigir el fin de los bombardeos, del bloqueo, de la ocupación ilegal, de la violencia contra la población civil y del sufrimiento de miles de familias inocentes.

También desde aquí tenemos responsabilidades

El manifiesto no se quedó únicamente en la denuncia.

También señaló responsabilidades y reclamó medidas concretas a la Unión Europea y al Estado español: impedir la entrada de productos procedentes de asentamientos ilegales, reforzar los controles sobre su verdadero origen, revisar las relaciones comerciales con Israel, apoyar las investigaciones de Naciones Unidas y de la Corte Penal Internacional y, especialmente, poner fin al comercio y tránsito de armas relacionadas con Israel.

También recordó que existen herramientas al alcance de la ciudadanía: informarse sobre el origen de los productos, participar en campañas de boicot, apoyar al movimiento BDS, colaborar con los grupos locales de solidaridad con Palestina, acudir a concentraciones y actos de sensibilización y, sobre todo, no dejar de hablar de Palestina.

Porque quizá ese sea hoy uno de los mayores peligros: que el cansancio, la saturación informativa o la aparición de otras noticias terminen haciendo que dejemos de mirar hacia Gaza.

Que dejemos de hablar de Palestina.

Y eso es precisamente lo que no podemos permitir.


Una mañana para encontrarnos

Para mí, además, la concentración tuvo algo especialmente agradable.

Había otros medios de comunicación y personas grabando y tomando imágenes, pero, lejos de producirse esa absurda competición que a veces parece acompañar a determinados actos, cada cual pudo hacer su trabajo tranquilamente.

Yo pude trabajar relajado.

Y pude disfrutar.

Disfrutar de encontrarme con compañeras y compañeros con los que compartimos la lucha contra el genocidio en Gaza y contra el imperialismo israelí. Disfrutar de ese ambiente de complicidad que se crea cuando sabes que quienes están a tu lado no han acudido simplemente a hacerse una fotografía o a cumplir con una convocatoria, sino porque sienten que hay causas por las que merece la pena estar.

Y disfrutar también viendo a aquellos jóvenes mexicanos que habían llegado hasta Los Alcázares para conocer la lucha por el Mar Menor y que, durante unos minutos, hicieron suyo también el grito por Palestina.

Después vendría el Abrazo al Mar Menor.

Pero, en realidad, el abrazo ya había comenzado.

Había empezado cuando unas 150 personas decidieron que antes de rodear simbólicamente nuestro mar era necesario rodear con solidaridad a un pueblo que lleva décadas soportando ocupación y violencia y que desde octubre de 2023 está sufriendo una destrucción que no podemos normalizar.

Había comenzado cuando personas llegadas desde México se unieron a quienes llevamos tiempo defendiendo el Mar Menor.

Había comenzado cuando volvimos a encontrarnos con amigos como Taqi y Lora a través de su presencia, aunque no estuvieran físicamente allí.

Y había comenzado, sobre todo, cuando decidimos no guardar silencio.

Porque, como decía el manifiesto al finalizar:

“Desde un pequeño rincón del Mediterráneo levantamos la voz.”

Y desde ese pequeño rincón del Mediterráneo seguiremos haciéndolo.

Por el Mar Menor.

Por Palestina.

Por quienes sufren.

Por quienes resisten.

Porque todas las aguas son la misma agua.

Porque todos los mares forman un mismo mar.

Y porque no dejaremos de hablar de Palestina.

PALESTINA LIBRE. FREE PALESTINE.

Puedes ver el acto completo en el siguiente vídeo:



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