Un abrazo que no basta: hay que seguir defendiendo el Mar Menor
Hay imágenes que hablan por sí solas. Cientos, miles de personas
unidas, formando una cadena humana frente al agua, con los brazos
extendidos hacia una laguna que forma parte de nuestra vida, de
nuestra memoria y de nuestro territorio. Es una imagen hermosa. Pero
también es una imagen reivindicativa. Porque nadie abraza aquello
que considera que no necesita ser protegido.
El pasado 8 de agosto, Los Alcázares volvió a convertirse en uno de los puntos de encuentro de quienes seguimos defendiendo el Mar Menor. Desde antes de las once de la mañana, la plaza del Espejo estaba ya llena de gente. Aquella jornada tenía dos motivos para encontrarnos allí: a las 11:30, una concentración en solidaridad con Palestina, a la que ya dedicamos un artículo, y a las 13:00, la sexta edición del Abrazo al Mar Menor, quinta ya como Abrazo al Agua.
Dos reivindicaciones distintas, pero con algo en común: la necesidad de que la ciudadanía no permanezca indiferente ante aquello que sucede a nuestro alrededor.
Un abrazo que nació para defender una laguna
El Abrazo al Mar Menor nació con una idea tan sencilla como poderosa: rodear simbólicamente nuestra laguna para llamar la atención sobre su deterioro y demostrar que detrás de ella hay una ciudadanía dispuesta a defenderla.
Porque el problema del Mar Menor no apareció de repente ni es consecuencia de una fatalidad inevitable. Durante años hemos asistido a la entrada de nutrientes y contaminantes procedentes de la agricultura intensiva, especialmente nitratos, que llegan a la laguna a través de las aguas subterráneas y de las ramblas que desembocan en ella.
Y entre ellas está el Albujón, cuyo caudal en determinados momentos hace que resulte difícil seguir llamándolo simplemente rambla.
Aquello que durante décadas se quiso presentar como el precio inevitable del progreso agrícola tiene consecuencias muy concretas. Las hemos visto en las aguas, en los fondos de la laguna, en los episodios de eutrofización, en la pérdida de biodiversidad y en la preocupación de quienes vivimos y trabajamos en torno a este ecosistema.
Por eso el abrazo no es solamente un gesto simbólico. Es una manera de decir: hasta aquí hemos llegado. El Mar Menor no puede seguir pagando las consecuencias de un modelo que durante demasiado tiempo ha permitido que los beneficios de unos pocos se coloquen por delante de la protección de un patrimonio natural que pertenece a todos.
Del Mar Menor al agua de todo el planeta
El éxito de aquella primera experiencia hizo que colectivos defensores del Mar Menor —entre ellos Alianza por el Mar Menor (AMARME), Pacto por el Mar Menor, Mar Menor Vivo, Banderas Negras y otros muchos— decidieran ampliar la iniciativa.
Así nació el Abrazo al Agua.
La idea era llevar ese mismo gesto de solidaridad a otros ecosistemas acuáticos, allí donde hubiera un río, un lago, una laguna, una costa o cualquier espacio amenazado que necesitara que la ciudadanía levantara la voz para defenderlo.
Y también ahí el movimiento ha crecido.
Lo que empezó como un abrazo a nuestra laguna se ha convertido en una iniciativa capaz de unir a personas de diferentes lugares alrededor de una misma convicción: el agua no es una mercancía cualquiera. Es vida.
Pero detrás de ese día en el que las fotografías muestran cadenas humanas, sonrisas, pancartas y personas entrando al agua, hay otra realidad mucho menos visible.
Hay muchas horas de trabajo.
Hay reuniones, desplazamientos, actos de divulgación, denuncias, actividades educativas, participación en encuentros relacionados con la defensa de la naturaleza y una búsqueda permanente de nuevos lugares donde realizar abrazos.
Hay personas que dedican una parte importante de su tiempo a cuidar de nuestro entorno y, con ello, también de nuestra salud.
Y ese trabajo merece ser reconocido.
Porque cuando llega el día del Abrazo al Mar Menor vemos el resultado de una tarea que no empieza ni termina cuando las personas se cogen de las manos. El verdadero abrazo dura todo el año.
No basta con abrazarlo
Y aquí es donde conviene recordar algo.
Podemos abrazar el Mar Menor una vez al año. Podemos formar cadenas humanas, llenar las playas, organizar actos y lanzar mensajes de solidaridad. Podemos convertir el abrazo en una magnífica imagen que recorra las redes sociales.
Pero después hay que volver a casa y seguir luchando.
Porque el Mar Menor no necesita solamente que lo abracemos. Necesita que dejemos de agredirlo.
Necesita que se reduzca drásticamente la entrada de nitratos en su cuenca vertiente. Necesita controlar de verdad las prácticas agrícolas que generan contaminación. Necesita que el uso de fertilizantes deje de considerarse intocable cuando sus consecuencias terminan afectando a un ecosistema entero.
Y necesita, sobre todo, que las administraciones dejen de mirar hacia otro lado cuando las soluciones chocan con determinados intereses económicos.
No se trata de estar contra la agricultura. Se trata de estar contra un modelo que permita que la agricultura termine dañando aquello que también necesitamos proteger.
Defender el Mar Menor y defender una agricultura sostenible no son objetivos incompatibles. Al contrario: son dos caras de la misma defensa del territorio.
Porque una agricultura que necesita contaminar el agua para ser rentable no puede ser el modelo de futuro que queremos para nuestra tierra.
La ciudadanía sigue estando ahí
El pasado 8 de agosto volvimos a demostrarlo.
Cuando miles de personas se reúnen para abrazar una laguna no están simplemente participando en una actividad de verano. Están diciendo que les importa lo que ocurre con ella.
Están diciendo que no aceptan que nos acostumbremos a su deterioro.
Están diciendo que no quieren que dentro de unos años tengamos que explicar a nuestros hijos y nietos que hubo un momento en el que sabíamos perfectamente lo que estaba sucediendo y, aun así, no fuimos capaces de actuar.
Por eso hay que agradecer a todas las personas y colectivos que hacen posible el Abrazo al Mar Menor y el Abrazo al Agua.
A quienes organizan. A quienes participan. A quienes divulgan. A quienes investigan. A quienes denuncian. A quienes recorren kilómetros para acudir a un acto. A quienes dedican su tiempo, muchas veces sin ningún reconocimiento, a defender un patrimonio natural que debería ser responsabilidad de todos.
Y también a quienes, desde las instituciones, saben escuchar.
Entre ellos quiero mencionar a Mario, alcalde de Los Alcázares, porque en cada acto reivindicativo al que acudo en este municipio vuelvo a encontrar la misma actitud: una persona accesible, dispuesta a escuchar y a intentar ayudar cuando está en su mano hacerlo. En el vídeo de este Abrazo al Mar Menor aparece, además, mezclado entre los demás participantes, como un ciudadano más.
Ese tipo de cercanía también es importante.
Porque defender el Mar Menor no debería ser patrimonio de ningún partido, de ninguna institución ni de ningún colectivo concreto. Es una responsabilidad colectiva.
El abrazo continúa
Cuando las cadenas humanas se deshacen, cuando las personas regresan a sus casas y las fotografías dejan de circular por las redes, el problema continúa ahí.
Y también continúa la lucha.
Por eso el Abrazo al Mar Menor no termina cuando dejamos de tener los brazos extendidos.
Continúa cada vez que alguien denuncia una agresión contra la laguna. Cada vez que alguien participa en una actividad de divulgación. Cada vez que un colectivo consigue que se hable de ella. Cada vez que una persona exige a las administraciones que cumplan con su obligación de protegerla.
Y continúa, sobre todo, cuando somos capaces de recordar algo tan sencillo como esto:
El Mar Menor no necesita solamente nuestro abrazo. Necesita nuestra defensa.
Necesita agua limpia, necesita ecosistemas vivos y necesita que su cuenca vertiente deje de ser una vía de entrada de nitratos.
Necesita que terminemos de una vez con la idea de que todo vale en nombre de la rentabilidad.
Porque podemos seguir abrazándolo.
Y lo haremos.
Pero mientras nuestros brazos rodean el Mar Menor, nuestras voces tienen que seguir señalando aquello que lo está dañando.
Menos nitratos. Menos contaminación. Más protección.
Por el Mar Menor.
Por el agua.
Por nosotros.
Puedes ver el acto completo en el siguiente vídeo:



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