Pedro J., esto no es un bar: el Mar Menor no se defiende echando balones fuera

Por Manel Aparicio

El pasado jueves, 1 de octubre, volvimos a asistir al Pleno del Ayuntamiento de San Pedro del Pinatar. Y esta vez el Mar Menor volvió a ocupar buena parte del debate.

Después del pleno anterior, en el que el alcalde, Pedro Javier Sánchez Aznar, respondió a una pregunta sobre la modificación de la Ley 3/2020 de Recuperación y Protección del Mar Menor con aquello de que quería “un Mar Menor vivo y con todos los cuidados posibles”, el portavoz socialista José Lorenzo decidió volver sobre el asunto.

Y esta vez vino preparado.

José Lorenzo recordó algo que parece que algunos responsables políticos tienen una facilidad extraordinaria para olvidar: que una cosa es decir que se quiere un Mar Menor vivo y otra muy diferente es apoyar —o guardar silencio ante— políticas que rebajan las herramientas destinadas a protegerlo.

Porque la reforma impulsada por el Partido Popular en la Asamblea Regional no es una invención de la oposición.

Entre otras cosas, plantea sustituir el régimen sancionador específico de la Ley del Mar Menor por el régimen estatal y modificar la consecuencia que actualmente tienen determinadas infracciones graves o muy graves sobre el acceso a ayudas públicas.

La ley vigente establece que las infracciones graves o muy graves llevan aparejada, durante dos años, la pérdida del derecho a determinadas ayudas o subvenciones de la Comunidad Autónoma.

La propuesta del PP pretende que esa pérdida deje de producirse automáticamente y pase a depender de las circunstancias de cada caso.

Y esto, señor alcalde, no es una cuestión de “pleitesía” al señor Sánchez, ni de lo que diga Moncloa, ni de obediencias partidistas.

Es una cuestión bastante más sencilla: ¿queremos que quien contamina tenga consecuencias o queremos hacerle más llevaderas esas consecuencias?

Pero hubo algo en la intervención del alcalde que merece una atención especial.

El comodín del acuífero

Cuando José Lorenzo puso sobre la mesa la responsabilidad de la Comunidad Autónoma en la protección del Mar Menor, el alcalde respondió recurriendo, una vez más, al mismo argumento: el problema fundamental es el acuífero Cuaternario y la Rambla del Albujón, y las actuaciones necesarias corresponden a la Confederación Hidrográfica del Segura y, por tanto, al Gobierno central.

Nadie niega la importancia del acuífero Cuaternario ni de la Rambla del Albujón.

Lo que resulta inaceptable es utilizar una verdad parcial para construir una mentira completa.

El MITECO reconoce expresamente la entrada de nutrientes procedentes de la agricultura intensiva y otras actividades humanas como una de las causas fundamentales del deterioro del Mar Menor. El Instituto Español de Oceanografía señaló, tras el episodio de mortandad masiva de 2021, que la entrada continuada de nitrógeno y fósforo procedente de la agricultura intensiva y otras actividades humanas había provocado el afloramiento masivo de fitoplancton que comenzó precisamente en torno a la Rambla del Albujón.

Y estudios científicos publicados por el CSIC han encontrado una relación directa entre la extensión de las zonas contaminadas por nitratos y la agricultura intensiva de regadío.

Por tanto, repetir que “el problema es el acuífero” sin hablar de cómo se ha contaminado ese acuífero es una manera bastante cómoda de contar la historia.

El acuífero no decidió por su cuenta llenarse de nitratos.

¿Y quién controla la agricultura?

Aquí es donde el discurso del alcalde empieza a hacer aguas.

Porque si el problema está relacionado con la entrada de nitratos en el acuífero y en la Rambla del Albujón, la respuesta no puede consistir únicamente en esperar a que otra Administración retire el agua contaminada después de que el problema ya esté creado.

Hay que actuar también sobre el origen.

Y ahí la Comunidad Autónoma tiene mucho que decir.

La propia Confederación Hidrográfica del Segura ha señalado que la recuperación del Mar Menor exige reducir en origen la contaminación difusa que alcanza el acuífero Cuaternario, mediante, entre otras medidas, el control de la fertilización y la monitorización de nitratos y humedad del suelo, además de reforzar la inspección y la disciplina normativa.

Es decir: no basta con sacar el agua contaminada. Hay que impedir que siga contaminándose.

Y precisamente por eso resulta tan revelador que el alcalde dedique buena parte de su intervención a hablar de la Rambla del Albujón y prácticamente ninguna a hablar de las causas que alimentan el problema.

Porque echarle la culpa al agua es muy sencillo.

Preguntarse quién la contamina ya es bastante más incómodo.


“Solo puede intervenir Confederación”

Otra de las afirmaciones del alcalde merece ser corregida.

Que la Confederación Hidrográfica del Segura tenga competencias fundamentales sobre el dominio público hidráulico y determinadas actuaciones en la Rambla del Albujón no significa que la Comunidad Autónoma esté de brazos cruzados, sin competencias ni responsabilidades.

De hecho, el propio marco de actuaciones del MITECO contempla actuaciones coordinadas sobre ramblas, agricultura, saneamiento, depuración, ordenación territorial y reducción de la carga contaminante.

Y hay una prueba especialmente contundente.

Mientras el alcalde insiste en que todo depende de que el MITECO autorice determinadas actuaciones, el propio MITECO está desarrollando actuaciones de desnitrificación del acuífero Cuaternario. En septiembre de 2026 dio luz verde ambiental a dos filtros verdes, en Los Alcázares y El Albujón, capaces de tratar hasta 1,5 millones de metros cúbicos anuales de aguas subterráneas y con una eficacia potencial de eliminación de nitratos de hasta el 97,5 %.

Por tanto, la realidad es bastante más compleja que ese sencillo “eso depende del Gobierno de Sánchez”.

Y si el Ayuntamiento y la Comunidad Autónoma quieren defender realmente el Mar Menor, lo que deberían hacer es reclamar, colaborar, controlar, inspeccionar y exigir el cumplimiento de las obligaciones de cada Administración.

No convertir el reparto de competencias en un concurso para ver quién consigue quitarse antes el muerto de encima.

El Plan que debía estar en 2023

José Lorenzo también puso sobre la mesa otro asunto incómodo: el Plan de Ordenación Territorial de la Cuenca Vertiente del Mar Menor.

La Ley 3/2020 estableció que ese Plan debía aprobarse definitivamente en el plazo de tres años desde la entrada en vigor de la ley. Ese plazo venció en 2023.

¿Y dónde estamos en octubre de 2026?

Pues el Plan todavía no está aprobado definitivamente.

La propia Comunidad Autónoma abrió en diciembre de 2025 el periodo de exposición pública de un Documento de Avance y en enero de 2026 seguía hablando de su tramitación.

Y en junio de este mismo año, el Gobierno regional seguía defendiendo que estaba “inmerso plenamente” en una tramitación que calificaba de extensa, prolija y compleja, mientras desde la oposición se denunciaba el incumplimiento objetivo del plazo legal.

Tres años de retraso no se solucionan diciendo que el problema lo tiene el Gobierno central.


Y mientras tanto, seguimos hablando de “agricultura ecológica”

En su respuesta, el alcalde tuvo además la ocurrencia de responder a José Lorenzo que conoce muy poco San Pedro del Pinatar porque la principal empresa agrícola del municipio practica agricultura ecológica y es un referente europeo.

Magnífico.

Pero nadie estaba acusando a todos los agricultores de San Pedro del Pinatar.

El debate era otro.

No se trata de demonizar a quien trabaja la tierra. Se trata de impedir que las prácticas contaminantes tengan barra libre.

Una cosa es reconocer y defender a los agricultores que hacen bien las cosas y otra utilizar la existencia de agricultura ecológica para negar el problema de la contaminación agraria de la cuenca del Mar Menor.

Sería como decir que, puesto que existen conductores que respetan escrupulosamente los límites de velocidad, los radares son innecesarios.

No cuela.

Julia pone el dedo en la llaga

Y precisamente sobre todo esto, una compañera en la defensa del Mar Menor nos hace llegar una reflexión que consideramos especialmente interesante.

Julia, compañera en la lucha por la defensa de nuestra laguna, y vecina de San Pedro del Pinatar, nos comenta:

“El alcalde de San Pedro, igual que la mayoría de alcaldes del PP, o carecen de vergüenza o de conocimiento sobre la problemática del Mar Menor. Igual que el Gobierno Regional, sigue echando las culpas al acuífero y afirma que le corresponde al MITECO arreglar la Rambla del Albujón.... Reutilizando esas aguas para el riego? A nuestra costa? Para seguir contaminando el acuífero?
No admiten que son sus competencias los gobernantes de esta Región..., para qué está la Consejería de Medio Ambiente? Para que sirve la de Agricultura, que no controla los nitratos ni la agricultura intensiva que sigue colapsando el acuífero y que vierte a las ramblas los sobrantes del riego intensivo?”

No vamos a aportar más datos sobre Julia porque no es necesario identificarla, pero sí podemos decir que tiene mucha relación con el Comité de Representantes de la Tutoría del Mar Menor y que, por tanto, su opinión no procede precisamente de alguien que se haya acercado ayer al problema.

Y resulta significativo que el propio Comité de Representantes haya reiterado recientemente su rechazo a cualquier reforma que reduzca la protección ambiental de la laguna y haya reclamado que se agilice la tramitación del Plan de Ordenación Territorial de la cuenca vertiente.


El Mar Menor no necesita discursos: necesita cumplimiento

Hay algo que debería quedar muy claro después de escuchar este pleno.

Nadie está diciendo que la Confederación Hidrográfica del Segura no tenga responsabilidades.

Las tiene.

Nadie está diciendo que el MITECO no tenga que actuar.

Tiene que hacerlo.

Lo que estamos diciendo es que la existencia de responsabilidades estatales no borra las responsabilidades autonómicas.

Y mucho menos convierte al alcalde de San Pedro del Pinatar en un espectador sin capacidad para reclamar a su propio partido que cumpla y haga cumplir la legislación ambiental.

Porque mientras unos discuten quién tiene la competencia, el Mar Menor sigue recibiendo nutrientes.

Mientras unos hablan de “agricultura compatible”, otros siguen reclamando controles efectivos.

Mientras unos prometen un Mar Menor “vivo”, se tramitan modificaciones legales que reducen el carácter automático de determinadas consecuencias para quienes incumplen.

Y mientras tanto, el Plan de Ordenación Territorial que debía estar aprobado en 2023 continúa sin aprobarse definitivamente.

Eso no es proteger.

Eso es administrar el problema.

Y una última cosa, señor alcalde

Hay otra cuestión de su intervención que no queremos dejar pasar.

Usted habla de tecnología como si fuera la gran solución pendiente: tecnologías capaces de desnitrificar el agua, reutilizarla, gestionar los residuos, construir salmorreductos...

Pero, señor alcalde, ¿y si empezáramos por no contaminar el agua?

Porque la solución más sencilla —y también la más barata y sensata— no consiste en inventar cada vez más sistemas para limpiar aquello que nosotros mismos hemos ensuciado.

La solución empieza en origen.

Menos fertilizantes nitrogenados. Menos nitratos. Menos contaminación que llegue al suelo, al acuífero y finalmente al Mar Menor.

Así de sencillo.

No hace falta convertir cada problema en una obra de ingeniería. No hace falta esperar a que aparezca una nueva tecnología milagrosa. Y tampoco necesitamos que los ingenieros de la Fundación Ingenio nos expliquen que la solución consiste en buscar la manera de seguir haciendo exactamente lo mismo y después limpiar las consecuencias.

Porque quizá haya llegado el momento de entender algo elemental: la mejor agua contaminada es la que nunca llega a contaminarse.

Si queremos un Mar Menor vivo, actuemos sobre las causas.

Si queremos recuperar el acuífero, dejemos de cargarlo de nitratos.

Y si queremos que la Rambla del Albujón deje de transportar contaminación hacia nuestra laguna, empecemos por evitar que esa contaminación llegue a la rambla.

La tecnología puede ayudar. Por supuesto.

Pero utilizar la tecnología como excusa para no actuar sobre el origen del problema es otra cosa.

Y mientras ustedes siguen buscando la máquina que limpie el desastre, nosotros seguiremos preguntando algo mucho más sencillo:

¿Por qué no dejan de ensuciarlo?

Y una última cosa.

Hay una frase de su intervención que retrata perfectamente el tono del debate.

Cuando José Lorenzo habló de la pleitesía del alcalde hacia López Miras, usted respondió acusando al PSOE de rendir pleitesía a Pedro Sánchez y a Moncloa.

Puede que en un bar esa clase de intercambio produzca alguna carcajada.

Pero aquello era el Pleno del Ayuntamiento de San Pedro del Pinatar.

Allí no estábamos hablando de quién es el amo de quién.

Estábamos hablando del Mar Menor.

De nitratos.

De agricultura.

Del acuífero.

De la Rambla del Albujón.

De sanciones.

De ayudas públicas.

De una ley de protección ambiental.

Y de las responsabilidades de las distintas Administraciones.

Por eso, como opinión personal, me voy a permitir terminar con algo bastante más sencillo:

“Nuestro alcalde, parece ser que está confundiendo, por sus comentarios, datos y formas, su asiento en el pleno, con el taburete de cualquier barra de bar.
Pedro J. venga vámonos, que esto no es un bar. Y págate una cerveza por ahí.”

Porque una cosa es discrepar.

Otra muy distinta es intentar convertir un problema ambiental de la gravedad del Mar Menor en una pelea de patio de colegio entre Pedro Sánchez y López Miras.

El Mar Menor no necesita amos. Necesita que quienes gobiernan cumplan con sus responsabilidades.


Puedes ver las intervenciones en el siguiente vídeo:


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