¡UHP, no se paga el alquiler!
La vivienda no puede ser un negocio a costa de la vida de las personas. Lo que hoy sufren miles de familias —alquileres inasumibles, desahucios y la incertidumbre de no saber si podrán seguir bajo su propio techo— nos recuerda que hay luchas que atraviesan generaciones. La historia de la unidad obrera y la consigna UHP vuelven a interpelarnos en un presente en el que el derecho a una vivienda digna sigue siendo una asignatura pendiente.
Compartimos este artículo de nuestro amigo Pepe, publicado originalmente en El Salto, porque merece la pena detenerse a leerlo y reflexionar sobre lo que nos cuenta.
Por José Perelló Moreno
Sin las mujeres, no hay revolución.
En el Palacio de Versalles, al enterarse de los disturbios en París, el rey Luis XVI preguntó al duque de Rochefoucauld-Liancourt con extrañeza: “¿Es una revuelta?”... “No, Sire, es una revolución”, fue la respuesta del duque.
La Revolución francesa se aceleró cuando las mujeres trabajadoras parisinas caminaron hasta Versalles para exigir la bajada del precio del pan, y en general de todo. Ese acontecimiento histórico, conocido como la “Marcha de las mujeres a Versalles”, ocurrió entre el 5 y el 6 de octubre de 1789, unos pocos meses después de la toma de la Bastilla. París seguía pasando hambre y las mujeres querían alimentar a sus familias, no acabar mendigando en las calles. La protesta comenzó por la mañana en los mercados, donde las pescaderas y las mujeres trabajadoras, desesperadas por la extrema escasez y el altísimo precio del pan, que llegaba a costar casi la mitad del salario diario de un obrero, decidieron tomar la iniciativa y fueron a hacer una visita a Luis XVI y María Antonieta a su “chabolo” de las afueras.
¿Habían leído estas mujeres a Rousseau, a Voltaire, a los ideólogos de la primera gran Revolución burguesa?
No parece que les hiciera mucha falta para echar a andar.
En la España republicana, también muchas mujeres alzaron la voz para gritar ¡UHP, no se paga el alquiler! Lo escuché en mi infancia de boca de mi madre, que lo recordaba de los tiempos de la guerra. Me ha vuelto a la memoria por lo que está sucediendo en relación al problema de la vivienda y los desahucios.
U.H.P.(“Unión de Hermanos Proletarios”) eran las siglas que durante la Revolución de Asturias en 1934 simbolizaron la alianza de los obreros, suscrita por la Federación Socialista Asturiana, la U.G.T, y la Confederación de Asturias, León y Palencia de la CNT. Posteriormente se sumaron, el Bloque Obrero y Campesino (trotskista), Izquierda Comunista y el PCE. Es decir, toda la izquierda. La consigna fue ideada por Amador Fernández, dirigente socialista.
Primera lección: la izquierda, ante el inminente peligro de involución total que trajo el Bienio Negro (noviembre 1933-febrero 1936), supo unirse, todo lo que puede unirse la izquierda. Junto a la del sindicato o partido, en los “tiznaos” (los camiones blindados de fabricación casera), y en todo tipo de vehículos usados por las milicias, se había pintado UHP. Puede que fuera solo un anhelo de “unión” de la izquierda, como ahora; aunque creo que aquella y esta izquierda, no se parecen mucho.
También fue un grito de auxilio de los más pobres, el proletariado que había entregado sus hijos a la defensa de la República... Los dueños, los rentistas (elementos venidos a menos de la aristocracia, burgueses o pequeño burgueses, algunos, partidarios de la República), podían aguantar, esperar; las familias pobres, no.
El derecho a la vivienda digna y asequible, reconocido por la Constitución, no tiene nada que ver con el comunismo, ni la abolición de la propiedad privada, sino con la cueva, el techo, la casa: un descubrimiento de nuestros antepasados neandertales.
El capitalismo ha hecho de la casa un gran negocio. El desahucio, es la herramienta legal de protección de sus intereses, y depende de las leyes y decisiones políticas. Siempre ha habido morosos y desahucios. Pero antes eran invisibles, pasaban desapercibidos ya que se trataba de temas o problemas puntuales, personales, familiares, cosas que les pasaban a los pobres, a veces por vagos, o por el alcohol, la ludopatía u otros vicios... Bah, allá ellos, que se espabilen, solía comentar la sociedad biempensante del primer esplendor del capitalismo.
Ya nada es lo que era, el capitalismo
tampoco. Ahora, naturalmente, es más listo que en sus
comienzos. El problema es que en los últimos años
hay que contar por miles los “lanzamientos” (término
agresivo, violento, inhumano, a expulsar del
diccionario), al principio por no poder hacer frente a la
hipoteca que vendía la cultura del ladrillazo; y
ahora, por no alcanzar a pagar el alquiler.
La mafia descubrió muy pronto el ladrillo y su poder. En El Padrino III, hacerse con “International Inmobiliare” fue el último proyecto de Michel Corleone, para blanquear su fortuna y su nombre. La mafia gris del dinero tenía todas las puertas abiertas cuando entró a saco al negocio, de la mano de la política. No pidamos a quienes son capaces de volar el coche de un juez, que se apiade de una viejecita desahuciada. Ni de mil. Lo que importa es la pasta. En España, la mafia del ladrillo no necesita bombas. Con leyes y jueces se apañan muy bien.
El ladrillazo de Aznar fue el nido en el que crecieron los poyuelos de los buitres. El hijo del expresidente, es el hombre fuerte de Cerberus en España, un fondo buitre norteamericano, que en plena crisis entró en el mercado inmobiliario para hacerse con las carteras de inmuebles que los bancos habían quitado a los desahuciados. Su mamá, Ana Botella malvendió 1.860 viviendas públicas..., en fin, una famiglia ejemplar, dirigida por el infame capofamiglia J.M. Aznar.
Contra los
desahucios, hubo reacción: la PAH, que ha
continuado hasta ahora su actividad con más o menos
presencia. Pero el problema de la vivienda no se soluciona solo
con activismo. No se puede ir en tropel a cada casa desahuciada para
impedir el lanzamiento.
El de Maricarmen, seguido de su muerte en el hospital, lo ha trastocado todo, incluso ha provocado la convocatoria de elecciones anticipadas.
En resumen: en pleno siglo XXI, con impresionantes avances tecnológicos, miles de personas son expulsadas de sus hogares, o no tienen donde cobijarse, por diversas razones. Cientos de mendigos duermen cada noche a la intemperie en las aceras de la Gran Vía de Madrid, y otras ciudades: un espectáculo penoso que viene a situar, en este aspecto, al conjunto de nuestra sociedad, por detrás de la neandertal. No diré nada de la dejación municipal y autonómica sobre este particular, porque todos conocemos al alcalde Martínez, a la presidenta Díaz, y sus agresivas políticas de desigualdad.
No superaremos la crisis de la vivienda sin una solución justa, integral y duradera: una REVOLUCIÓN de la vivienda. Como toda revolución, llega cuando la gota colma el vaso: ahora, el bochornoso desahucio de una anciana y su posterior muerte.
El ámbito natural de la Revolución es la calle. Jóvenes y menos jóvenes han vuelto a tomar las plazas, un nuevo 15M, que llama a no convertir la protesta en una algarada más o menos violenta, que solo sirve para llamar la atención. Algo es algo. Pero la protesta no es suficiente. Hay que forzar el cambio, con persistencia.
La Puerta del Sol, es el espacio perfecto para la protesta persistente: todo confluye en el kilómetro cero. Las acampadas son pacíficas, bien organizadas; y seguras, hasta que los sicarios del capitalismo, los terroristas mamporreros de extrema derecha, entran en acción. Ahí es cuando se hace necesaria la protección policial, por cierto bastante sospechosa de partidismo.
Estamos a las puertas de un cambio revolucionario, que inevitablemente sucederá sea cual sea el color del próximo gobierno. La huelga general del 11 N es la primera batalla de una lucha que no cesará hasta conseguir el objetivo.
No perdamos de vista que, según los sondeos, por desgracia, probablemente nos van a gobernar gentes sin corazón, defensoras de los intereses de los fondos buitres. Pero eso solo hará que la lucha sea más intensa y tal vez más larga.
Soñar es gratis. Soñemos pues, cara al 29 N, con una gran movilización de la juventud trabajadora abstencionista, que colabore a parar en seco en las urnas al fascismo que nos amenaza.





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